Homilías 2006 Noviembre

Alain René Lesage, en su historia de Gil Blas, narra cómo dos estudiantes encontraron, cerca de una gran fuente, una lápida en la que estaban grabadas algunas palabras que por el fango acumulado no se podían leer. Lavaron la piedra y pudieron leer la siguiente inscripción: "Aquí está enterrada el alma del doctor Pedro de García". Tonterías, dijo uno de los estudiantes: "el alma no se puede enterrar". El otro estudiante se quedó pensando y con un gran leño movió un poco la piedra, debajo encontró una bolsa de piel con un tesoro, más de cien monedas de oro, exclamó: "esta es el alma del doctor Pedro de García, aquí está su ideal supremo, el verdadero sentido de su vida, el objeto de su amor: un puñado de monedas de oro". Debajo de nuestra lápida ¿Qué se podrá encontrar un día? ¿Cuál es nuestro verdadero ideal, la motivación real de nuestro actuar, el objetivo de todos nuestros esfuerzos?

leer másXXXI domingo Ordinario, 5 de Noviembre del 2006

Hemos escuchado cómo frente a los letrados, que han pervertido el espíritu y la letra de la ley, el evangelista san Marcos sitúa en este pasaje a la viuda más necesitada. Y ella no aparece en actitud pasiva, esperando que otros lleguen y le ayuden, sino que se presenta con un gesto activo, solidario y gratuito. Frente a los ricos, que dan con ostentación aquello que les sobra, ella da de lo que tenía necesidad para vivir. Es gozoso descubrir cómo los ojos de Jesús saben ver más allá de las apariencias, y fijarse en hombres y mujeres que, aparentemente, nada de ellos merece atención. No se le escapa la ostentación de los ricos y la pequeñez de la ofrenda de la viuda. Y juzga el valor y significado de las ofrendas ante Dios desde la clave: Calidad sobre cantidad.

leer másXXXII domingo Ordinario, 12 de Noviembre del 2006

La lectura del Evangelio de San Marcos y el anuncio apocalíptico del profeta Daniel, sin duda alguna, a todos nos ha puesto en tensión. No es ciertamente la tensión del miedo, del terror y de la angustia que predican algunas sectas con fines proselitistas, sino el llamado a una decisión vital urgente, es un llamado a estar atentos, vigilantes y decididos. La inercia, la indiferencia, la apatía y la rutina son incompatibles con el Cristianismo que tiene en su mensaje central "la espera" de la venida definitiva del Señor: "He aquí que estoy a la puerta tocando. Si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entraré, cenaré con él y él conmigo", por esto Jesús repite con frecuencia: "¿Por qué no comprenden esta hora?".

leer másXXXIII domingo Ordinario, 19 de Noviembre del 2006

La Iglesia universal, desde 1925, cierra el año litúrgico con una fiesta especial dedicada a Cristo Rey. Por supuesto que éste título de Cristo es un título bíblico y el mismo Jesús afirma: “Yo soy rey, yo para esto nací”. San Juan en el Apocalipsis nos describe esta realeza de Cristo en forma muy sugerente: Nos presenta la reunificación de todo lo creado en torno a Cristo resucitado, evocando una imagen muy familiar a los antiguos, la del hijo de un rey que ha reconquistado un reino usurpado a su padre, sujetando enemigo tras enemigo se prepara para regresar el reino pacificado a su legítimo dueño que es su padre. Partiendo de estas imágenes es necesario entender bien la realeza de Cristo, sin confundirla con las realizaciones concretas de un régimen político o con una forma de estado, ni separarla tanto de la realidad histórica que resulte algo etéreo o demasiado espiritualista.

leer másSolemnidad de Cristo Rey, 26 de Noviembre del 2006
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