Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, 9 de Noviembre del 2008.

Sólo las fiestas del Señor pueden desplazar la liturgia propia de los domingos del tiempo ordinario. Esto nos lleva a concluir que la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán se considera fiesta del Señor y de su Iglesia, y como tal debe tratarse. La Basílica de San Juan de Letrán, dedicada a Cristo el Salvador, es la Catedral de Roma, donde el Papa tiene su “cátedra” permanente o trono de enseñanza y por esto se considera como la “madre y cabeza de todas las iglesias del mundo”. El Papa, sucesor de Pedro, por ser el Obispo de Roma, es el primer responsable de la Iglesia católica, por eso todas nuestras comunidades festejan la dedicación de San Juan de Letrán: para celebrar en torno al Papa la unidad de la Iglesia de Cristo. Las lecturas que hemos escuchado este domingo nos invitan a penetrar el significado de los templos cristianos, de los cristianos como templos y de Jesucristo como templo de Dios.

Homilía pronunciada por el Cardenal Norberto Rivera Carrera,
Arzobispo Primado de México en la Catedral Metropolitana.

9 de Noviembre del 2008, Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

Sólo las fiestas del Señor pueden desplazar la liturgia propia de los domingos del tiempo ordinario. Esto nos lleva a concluir que la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán se considera fiesta del Señor y de su Iglesia, y como tal debe tratarse. La Basílica de San Juan de Letrán, dedicada a Cristo el Salvador, es la Catedral de Roma, donde el Papa tiene su “cátedra” permanente o trono de enseñanza y por esto se considera como la “madre y cabeza de todas las iglesias del mundo”. El Papa, sucesor de Pedro, por ser el Obispo de Roma, es el primer responsable de la Iglesia católica, por eso todas nuestras comunidades festejan la dedicación de San Juan de Letrán: para celebrar en torno al Papa la unidad de la Iglesia de Cristo. Las lecturas que hemos escuchado este domingo nos invitan a penetrar el significado de los templos cristianos, de los cristianos como templos y de Jesucristo como templo de Dios.

Es verdad que desde la encarnación de Jesús, toda la tierra ha quedado sacralizada, y se puede adorar a Dios en cualquier parte, así lo enseñó Jesús a la samaritana: “a Dios hay que adorarlo en espíritu y en verdad” y esto es posible en todo lugar y tiempo. Pero no hay duda de que los recintos materiales dedicados al culto nos ayudan a concentrarnos en nuestras relaciones con Dios. Dios, por su omnipresencia infinita, está en todas partes, sin embargo sabemos por su revelación que Él ha querido lugares especiales en donde se le tribute adoración y gloria. Por eso Salomón rezaba así al consagrar el Templo de Jerusalén: “Día y noche estén tus ojos abiertos sobre el sitio donde quisiste que residiera tu nombre. Escucha la súplica de tu siervo y de tu pueblo, cuando te recen en este lugar”. Además, en los templos católicos se encuentra real y verdaderamente presente Cristo, el Hijo de Dios, en la Eucaristía que nos dejó. Pero también es importante recordar que el templo cristiano, a diferencia de los templos paganos, es la casa del Pueblo de Dios, es la casa de la Iglesia, esto quiere decir que es más importante la Iglesia-Pueblo que la Iglesia-Edificio. La Iglesia-Edificio es el lugar ideal para que la Iglesia-Pueblo de Dios, se reúna en torno a Jesús Palabra y Eucaristía. Los cristianos siempre harán resaltar la importancia de los templos como lugares especialmente consagrados a Dios, como lugares del pueblo santo de Dios, los lugares de reunión de la Iglesia. Sólo así podríamos entender la rebelión de Jesús contra las profanaciones del templo, como aparece hoy en el evangelio al expulsar a los mercaderes.

Pero mucho más que el templo de los cristianos importan los cristianos como templo de Dios: “¿no saben que ustedes son templo de Dios?”, nos recuerda San Pablo y el mismo apóstol nos enseña a mantener en pie el edificio espiritual de nuestra personalidad cristiana: “nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto: Jesucristo”. San Pedro nos revela: “ustedes, como piedras vivas, son construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios espirituales”.

En el evangelio de San Juan hoy hemos visto a Jesús que se revela contra la profanación del templo y nosotros guiados por San Pablo hemos visto que cada uno de nosotros somos un templo vivo de Dios, más digno que cualquier templo material que se pueda edificar, por eso podemos concluir que despreciar a cualquier persona, maltratar a la esposa o a los hijos, difamar o calumniar al hermano, escandalizar a un niño, humillar a un indígena, torturar a un preso, lastimar u ofender a alguien voluntariamente, encarcelar a un inocente, privar de la vida a un niño que está por nacer, violar a una persona, asesinar a un ser humano, prostituir al indigente, pervertir a los jóvenes por la drogadicción, es una verdadera profanación del templo de Dios, es un sacrilegio y “quien destruye el templo de Dios, será destruido por Dios porque el templo de Dios es santo y ustedes son ese templo”.

Muchos de nosotros hemos escuchado las críticas a la Iglesia “piramidal” y quizá también somos testigos de la tendencia actual que habla de una Iglesia “horizontal”. Cuando nos acercamos al Nuevo Testamento vemos con claridad que Cristo no quiere ni una estructura piramidal ni un esquema horizontal para su Iglesia, Cristo presenta a su Iglesia como un ser orgánico, en un esquema de comunión. Las imágenes son vivas y elocuentes: la compara con un árbol: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”. En un árbol hay muchas partes, cada parte tiene una función específica, pero todas las partes están al servicio de la unidad, unidad mantenida por la sabia que da vida a todo el árbol; esta sabia es el don del Espíritu Santo. San Pablo compara a la Iglesia con un cuerpo, Cristo es la cabeza, nosotros, los distintos miembros; cada miembro unido a todo el cuerpo y a su cabeza, el Espíritu Santo es el alma que une y vivifica a todo el cuerpo. Jesucristo compara a su Iglesia a un edificio: Él es la Piedra fundamental, los apóstoles son los cimientos, y nosotros, las piedras vivas ensambladas por el Espíritu Santo para ser templo del Dios vivo. La Iglesia, nosotros los cristianos, somos el Templo de Dios y las estructuras humanas son inadecuadas para expresar el misterio de la Iglesia en donde Dios habita.

El pensamiento central de esta fiesta sobre la dedicación del templo cristiano lo debemos dedicar a Jesucristo como el templo de Dios para los hombres. Él “puso su tienda entre nosotros” para acompañarnos en nuestra peregrinación por el desierto de la historia. Él es el templo de Dios que permanece siempre vivo tras la resurrección para interceder por nosotros, por eso con toda razón puede retar a sus contemporáneos: “destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. “Él hablaba del templo de su cuerpo”. El cristiano para levantar su propio templo personal debe tener a Jesucristo como fundamento. También para una nueva humanidad Jesucristo es la piedra básica. Por eso San Pedro nos exhorta a unirnos a Él, “la Piedra viva escogida y preciosa ante Dios” para edificar un mundo mejor. Para San Juan, el cuerpo de Cristo es el nuevo templo, la nueva tienda en la que Dios habita entre los hombres, así lo expresa también en su libro del Apocalipsis a propósito de la Jerusalén mesiánica: “no vi santuario alguno en ella, porque el Señor, Dios todopoderoso, y el Cordero, es su santuario”.

En este tiempo secular, valoremos los templos como espacios ideales para relacionarnos con Dios y encontrarnos como familia de Dios; construyamos con piedras vivas la Iglesia espiritual consagrada a Dios, y amemos a Jesucristo Templo de Dios que está “siempre vivo” para interceder por nosotros.

Back to top