Homilías 2009 Enero

La carta a los Efesios, con mucha precisión, nos ha descubierto el significado más profundo de la solemnidad de la Epifanía, tan querida en las liturgias orientales y de tan hondas raíces en la religiosidad popular: El “misterio” que celebramos nos recuerda que los gentiles, que no éramos pueblo escogido, “por el Evangelio hemos sido llamados a ser coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo”. Esto mismo hoy se ha proclamado con gran colorido y con cuadros luminosos tanto en la lectura del profeta Isaías como en el Evangelio de San Mateo.

leer másEpifanía del Señor, 4 de Enero del 2009

 Esta mañana en la que hemos caminado juntos hasta la casa de nuestra madre, Santa María de Guadalupe, hemos vivido un signo de lo que está llamada a ser nuestra experiencia de discípulos: seguir a Jesús en medio de la ciudad.

María, la primera discípula de Jesús, continúa siguiendo sus huellas y, al mismo tiempo, va acompañando nuestros pasos. En ella tenemos un ejemplo vivo de cómo acompañar y dar testimonio de amor.

leer másPeregrinación Arquidiocesana a la Basílica, 10 de Enero del 2009

Hace ocho días, en la fiesta de la Epifanía, contemplábamos a Jesús en brazos de su madre, niño de pocas semanas, adorado por los reyes magos; hoy nos encontramos con Cristo a la edad de 30 años, mezclado entre la muchedumbre que se acerca a Juan el Bautista para pedir ser bautizado. Treinta años de misterioso silencio, pero un silencio más elocuente que muchas narraciones, silencio que nos muestra que el Verbo de Dios verdaderamente se hizo en todo semejante a nosotros. El evangelio, como las grandes sinfonías, está hecho de sonidos y silencios y este silencio es bellísimo y revelador, es el evangelio de la verdad, Dios se hizo en todo semejante a nosotros y no sólo aparentemente tomó nuestra condición.

leer másBautismo del Señor, 11 de Enero del 2009

En la vida de los pueblos y de los individuos siempre hay un momento decisivo en que la historia comienza o cambia radicalmente. Siempre hay en nuestra vida momentos decisivos en que decimos: "Se llegó el día - Llegó la hora", y comenzamos algo nuevo en nuestra vida, tomamos un rumbo distinto. El Evangelio de hoy habla de esto, de un momento trascendental, de la llamada a una vida nueva. Jesús empieza su predicación con un clarinazo. Ha llegado la hora: "El tiempo se ha cumplido, ya está aquí el Reino de Dios. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio". El Reino de Dios está encarnado en el mismo Jesús. Es más el Reino de Dios es Jesús mismo, cuando Él afirma: "El Reino de Dios está en medio de ustedes", nos está diciendo que Él está en medio de nosotros, ya que Él es el Emmanuel, el Dios con nosotros.

leer másIII domingo Ordinario, 25 de Enero del 2009
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