Homilías 2010 Junio

Cuando hablamos de vocación en la Iglesia se puede pensar que nos referimos a la vocación particular que algunos reciben dentro de la misma Iglesia, como la vocación a la vida sacerdotal o religiosa, por esto es bueno aclarar que antes de estas vocaciones particulares y para entender adecuadamente estas vocaciones debemos partir de la vocación fundamental que es la vocación que tenemos los que hemos sido bautizados. Sólo así podemos entender el Nuevo Testamento que designa a los cristianos como “los llamados”; los creyentes en Cristo son los que forman “la Iglesia” que significa “con-vocación”. San Pablo en la carta a los Efesios tiene un esquema muy sencillo que nos ayuda a comprender esto, primero habla de la vocación y después de las vocaciones, es decir, primero nos habla de la vocación común a todos cuando nos dice que todos formamos un solo cuerpo, tenemos un solo espíritu, una sola esperanza a la cual hemos sido “llamados”. Después habla de las vocaciones cuando explica que unos hemos sido llamados como apóstoles, otros como profetas, otros como evangelistas.

leer másXIII Domingo Ordinario, 27 de Junio del 2010.

En pocos años se ha dado una profunda transformación en muchos cristianos en cuanto a su concepción religiosa y moral. Tal parece que en muchos seguidores de Cristo prevalecía una ética negativa, viendo pecado en todas partes. En nuestros días el péndulo del reloj se ha ido al lado contrario: para muchos nada es malo, nada es inmoral y hasta parece que hemos suprimido de nuestro diccionario la palabra pecado. Las lecturas de este domingo, sin duda alguna, nos pueden ayudar a recuperar la conciencia de la culpa, tan importante en la vida cristiana, porque, ¿Cómo vamos a interesarnos por el perdón de Dios, si no nos consideramos culpables? ¿Cómo vamos a valorar la salvación de Cristo, si no nos sentimos necesitados de ella? Si es malo tener escrúpulos, cuando no hay pecado, peor es la carencia de sentido de culpabilidad, cuando hay culpa.

leer másXI domingo ordinario, 13 de Junio del 2010.

El hombre que recibe y lleva el carisma de Dios es un servidor suyo, un débil y, hasta en las supremas realizaciones, un frágil servidor en que lo iluminador no es la persona, sino el testimonio, la misión, el misterio” (Hans Urs Von Balthasar: Teresa de Lisieux. Historia de una misión. Herder, Barcelona, 1964, pág. 23).

leer másEn la CLAUSURA DE AÑO SACERDOTAL Basílica de Guadalupe, 11 de Junio del 2010.

Hemos escuchado el relato de San Lucas en donde se nos presenta a Jesús resucitando al hijo de una viuda en Naím y en donde por primera vez el evangelista lo llama “Señor”: “al verla el Señor le dio lástima y le dijo: no llores”. En este caso San Lucas, como también San Marcos, nos ofrecen la clave que explica y da el verdadero sentido a esas acciones que nosotros llamamos comúnmente milagros: “al verla le dio lástima” o traducido más literalmente: “se le removieron las entrañas”. Eso es lo que experimenta Jesús al ver el dolor de esta mujer viuda.

leer másX domingo ordinario, C.C, 6 de Junio del 2010.

A unos días de cerrar solemnemente el Año Sacerdotal convocado por Su Santidad el Papa Benedicto XVI, tenemos la gracia de celebrar el jueves de Corpus y considerar el íntimo lazo que une a la Eucaristía con el ministerio sacerdotal. “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”, hemos repetido a lo largo de este tiempo. Hoy podemos decir con certeza, como una profesión de nuestra fe: “La Eucaristía es la fidelidad de Cristo”. Y al mismo tiempo, aprendiendo la naturaleza del sacramento del Orden: “En la Eucaristía se ancla la fidelidad del sacerdote”.

leer másEn la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, 3 de Junio del 2010.
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