Domingo Mundial de las Misiones, 23 de Octubre del 2011.

Por qué en la Iglesia se les da tanta importancia a las Misiones? Jesús nos clarifica esto después de su resurrección: “Como el Padre me ha enviado, así yo los envío... Vayan pues y enseñen a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado”. Por lo tanto el primer misionero ha sido Jesús que fue enviado al mundo por el Padre para anunciarnos el Evangelio. Y Jesús, a su vez, funda su Iglesia y la envía a anunciar la Buena Nueva a todas las gentes, no sin antes haberle dado el Espíritu Santo para que pudiera cumplir este mandato. Por esto es tan importante para la Iglesia y para todos sus miembros la Misión, hasta tal punto que San Pablo exclama: “Hay de mí si no evangelizo"

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera C.,
Arzobispo Primado de México en la Catedral Metropolitana de México


23 de Octubre del 2011, Domingo Mundial de las Misiones

Por qué en la Iglesia se les da tanta importancia a las Misiones? Jesús nos clarifica esto después de su resurrección: “Como el Padre me ha enviado, así yo los envío... Vayan pues y enseñen a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado”. Por lo tanto el primer misionero ha sido Jesús que fue enviado al mundo por el Padre para anunciarnos el Evangelio. Y Jesús, a su vez, funda su Iglesia y la envía a anunciar la Buena Nueva a todas las gentes, no sin antes haberle dado el Espíritu Santo para que pudiera cumplir este mandato. Por esto es tan importante para la Iglesia y para todos sus miembros la Misión, hasta tal punto que San Pablo exclama: “Hay de mí si no evangelizo"

En este sentido la Iglesia toda ella es misionera, es decir, enviada a anunciar el Evangelio al mundo entero: "Toda la tierra es tierra de Misión". Esta tarea se debe cumplir en cada familia, pequeña Iglesia; en cada centro de trabajo y en cada Diócesis o Iglesia Particular, en donde siempre habrá tantos que por algún motivo se han alejado del influjo del Evangelio. Pero el mandato de Jesús no se cumpliría si no vamos más allá de nuestras fronteras, a esos lugares y a esos ambientes en donde por primera vez está resonando la Buena Nueva o quizá en donde nunca se ha dado a conocer a Jesucristo.

Una característica de nuestra fe es que es dinámica, debe ser comunicada; no puede ser aprisionada, ni puede ser privilegio de un grupo, de una cultura o de un continente. Es como el agua viva, la imagen es de Jesús mismo, para ser autentica debe correr. Jesús la compara a la planta que crece, a la levadura que explota y fermenta toda la masa. El que recibe la fe y no la trasmite a los demás es como el siervo inútil que entierra el talento que recibió.

Todos conocemos de alguna manera las grandes etapas de ese dinamismo de nuestra fe: Al principio nuestra Iglesia rompe los lazos que la unían al mundo judío en donde y del cual nació. De la tierra de Israel se ramifica al mundo greco romano. En la Edad Media del seno del imperio romano llega a los pueblos bárbaros para anunciar la Buena Nueva, configurando la cultura europea. Hace cinco siglos de Europa llego a nuestro continente el Evangelio. Ahora es el momento de que desde nuestros pueblos llegue a otros que están lejos la buena noticia de la salvación en Jesucristo.

Para anunciar el Evangelio Jesús manda a sus discípulos que curen a los enfermos, que les den de comer a los hambrientos, que enseñen a los que no saben. Jesús los manda no sólo a salvar sus almas, sino a salvar a los hombres y mujeres, hombres y mujeres que tienen cuerpo, hambre, sed, frío, enfermedades y necesidades fundamentales que satisfacer para ser personas dignas. La Iglesia para cumplir su tarea misionera además de palabras debe llevar a los más necesitados obras concretas que hablen del amor de Dios. La Iglesia tiene plena conciencia de que su tarea misionera esta íntimamente ligada a la promoción humana.

En los orígenes de la Iglesia había plena conciencia de que esta tarea era de toda la comunidad, la cual se sentía íntimamente ligada a los misioneros que enviaba, cerca o lejos. Había un intercambio continuo entre comunidad y misioneros, ya que el misionero no llevaba su fe personal sino la fe de la Iglesia. Este día y siempre debemos tener conciencia de que debemos sostener a nuestros misioneros con la oración constante, la practica de nuestra fe y con nuestros bienes materiales. La fe en la Iglesia circula como en vasos comunicantes: Si somos una comunidad viva, comprometida, practicante, nuestros hermanos que salen a anunciar la Buena Noticia se sentirán sostenidos y apoyados. Es cierto que no todos podemos salir, pero también es cierto que todos podemos hacer algo para que el Evangelio sea conocido.

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