Homilías 2011 Septiembre

El domingo pasado, a propósito de los trabajadores contratados a distintas horas y que todos reciben un denario, se nos clarificaba cómo en realidad, el cielo es misteriosamente al mismo tiempo salario justo y regalo generoso, o dicho de otra manera, nuestra salvación es totalmente obra o don gratuito de Dios y al mismo tiempo también es fruto de nuestra colaboración y recompensa por nuestra respuesta libre al llamado del Señor. Las lecturas de este domingo, tratan especialmente este segundo tema, el tema de la responsabilidad personal en la obra de responsabilidad personal en la obra de la salvación, el tema de la respuesta a Dios nuestro Padre con palabras y con obras. San Agustín lo expresa maravillosa y sencillamente así: "Aquel que te creó sin ti, no te salvará sin ti». La prueba de esta libertad que el hombre tiene es su capacidad de convertirse del mal al bien, de pasar de la maldad a la bondad, y también al contrario, su capacidad de pervertirse, de pasar del bien al mal. Por su libertad el hombre no es esclavo de su fatalidad, nadie está atado irremediablemente al bien o al mal, nadie es esclavo de su pasado.

leer másXXVI Domingo Ordinario, 25 de Septiembre del 2011.

El profeta Ezequiel, creador de visiones, de símbolos y de gestos fantasiosos y apocalípticos, vio su vida y su predicación divididas por la caída de Jerusalén bajo el imperio babilónico. Antes de este acontecimiento sus palabras son de una dureza implacable que parece eliminar toda esperanza y anuncia la ruina total de la nación hebrea. Después de este acontecimiento trágico sus palabras se transforman en mensaje de esperanza y de reconstrucción. Sus palabras que hoy hemos escuchado pertenecen a este segundo momento, se presenta como un centinela que desde lo alto debe advertir lo que está por venir, su responsabilidad es grande, pero tiene como límite la libre decisión de los ciudadanos que pueden ser indiferentes u hostiles a sus advertencias: "Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré a ti cuentas de su vida. En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado su vida".

leer másXXIII Domingo Ordinario, 4 de Septiembre del 2011.
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