Homilías 2011 Agosto

Cuando San Mateo escribió la narración tan viva que acabamos de escuchar, Cristo ya no estaba físicamente entre nosotros, ya se había despedido de la multitud y sus discípulos, para subir a los cielos, dejando la barca de su Iglesia sobre las aguas del mar de este mundo, con Pedro a la cabeza, para iniciar, la travesía de la historia, hasta su regreso en su segunda venida. Las primeras olas de las persecuciones ya habían llegado con la muerte de Esteban, la prisión de muchos de los discípulos y la Iglesia obligada a dispersarse por Palestina. En Roma, Nerón, ya había comenzado a perseguir a todos los seguidores de Jesús a quienes consideraba una amenaza. Así podemos entender cómo la narración de la tormenta era tan significativa para los primeros discípulos ya que en ella veían plasmada la situación que estaban viviendo.

leer másXIX Domingo del Tiempo Ordinario, 7 de Agosto del 2011.

Los textos de la Escritura que se han proclamado nos invitan a reflexionar sobre algo muy importante y de plena actualidad: la actitud que debemos tener con todos aquellos que no comparten nuestra fe. Hasta hace poco los discípulos de Jesús vivían en un mundo que se profesaba cristiano, ahora no es así, vivimos en un mundo plural en donde debemos convivir con hombres y mujeres que tienen una fe distinta o que no tienen fe. ¿Cómo comportarnos con ellos?.

La primera lectura de Isaías rechaza la tentación de encerrarse en sí mismos y de considerar a todos los demás como inmundos: los extranjeros se pueden adherir al Señor, sus holocaustos y sacrificios gratos a su altar y la Casa del Señor es casa de oración para todos los pueblos.

leer másXX Domingo del Tiempo Ordinario, 14 de Agosto del 2011.

Cristo resucitó como la primicia de todos los muertos... Así en Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su orden: Primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo". Sin duda alguna, entre aquellos que son de Cristo, hay una persona que lo es de una manera única e irrepetible, María, su Madre, la que lo engendró como hombre, lo acarició, lo alimentó y lo llenó de toda clase de cuidados, la que compartió con Él los gozos y la penas de la vida cotidiana, la que lo acompañó en el cumplimiento de su misión, y sobre todo, la que supo estar al pie de la cruz en el momento supremo de su vida. Por esta pertenencia original y única a Cristo, María Santísima, fue llevada a la gloria en cuerpo y alma. Cristo no permitió que el cuerpo de su Madre sufriera la corrupción y se la llevó consigo. Esta es una convicción de la fe de la Iglesia que hoy celebramos con una fiesta antiquísima, que se hizo más solemne, desde el primero de noviembre de 1950, cuando Pío XII declaró como dogma de fe la Asunción de Nuestra Señora a los cielos.

leer másAsunción de la Santísima Virgen, 15 de Agosto del 2011.

Hoy hemos escuchado la única profecía de Isaías destinada a una persona en particular, a Eliacín, el hijo de Elcías, que sustituye en su cargo al intrigante Sebná, primer ministro del rey Ezequías. Para el profeta esto es todo un símbolo del nuevo poder que Dios da al hombre. De esta manera Isaías, intérprete atento de la historia y de los signos de los tiempos, nos invita a descubrir en los hombres de nuestra Iglesia y de nuestra historia la presencia salvadora de Dios que ha querido tener necesidad de los seres humanos para realizar su proyecto de salvación. La llave, símbolo del poder y las dos palabras que la acompañan: “abrir y cerrar”, son el signo de la autoridad del gran Vizir oriental y que en el Evangelio Jesús confiará a Pedro, “la piedra sobre la cual edificará su Iglesia”.

leer másXXI domingo ordinario, 21 de Agosto del 2011.

La ofrenda total de nuestra vida a Dios es, sin duda alguna, el tema central de las tres lecturas que nos presentan a Jeremías, a Jesús, a Pablo y todo discípulo cristiano ofrendando su existencia al proyecto salvífico de Dios, el cual sólo puede ser rechazado por una mentalidad satánica. El Profeta se presenta fascinado por Dios a pesar de que su misión y su existencia son trágicas: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste... Me he convertido en objeto de oprobio y de burla... Y he llegado a decirme: Ya no me acordaré del Señor ni hablaré más en su nombre. Pero había en mí como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos, yo me esforzaba por contenerlo y no podía”.

En el contexto del camino hacia Jerusalén Jesús anuncia, por primera vez, su pasión, su entrega total al Padre. El reconocimiento de Jesús como Mesías e Hijo de Dios y la convocación de la Iglesia en torno a Pedro, que escuchábamos hace ocho días, crean el ámbito para que Jesús comience a manifestar a los discípulos su destino, que es la entrega incondicional a la voluntad del Padre y a la salvación de todos los hombres, y también para que sus seguidores comprendamos que ese es nuestro camino.

leer másXXII domingo ordinario, 28 de Agosto del 2011.
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