1er domingo de Adviento, 2 de Diciembre del 2012.

El Evangelio de este primer Domingo de Adviento, nos presenta una exhortación a la vigilancia ante el retorno glorioso de Cristo a la tierra: "Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación". Esta frase del Evangelio nos puede ayudar mucho para vivir y entender este tiempo de la Navidad que se avecina. Cristo nos pide mantenernos en pie, tener fuerza y ante todo velar en oración. El gran anuncio que abre el Adviento de este año es: "Se acerca nuestra liberación". El cristiano actual, sin duda alguna, se pregunta por su quehacer en la hora presente del mundo. Hay muchas respuestas a esta inquietud, pero necesitamos una esperanza que no nos defraude.

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera C.,
Arzobispo Primado de México en la Catedral Metropolitana.


2 de Diciembre del 2012, 1er domingo de Adviento

El Evangelio de este primer Domingo de Adviento, nos presenta una exhortación a la vigilancia ante el retorno glorioso de Cristo a la tierra: "Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación". Esta frase del Evangelio nos puede ayudar mucho para vivir y entender este tiempo de la Navidad que se avecina. Cristo nos pide mantenernos en pie, tener fuerza y ante todo velar en oración. El gran anuncio que abre el Adviento de este año es: "Se acerca nuestra liberación". El cristiano actual, sin duda alguna, se pregunta por su quehacer en la hora presente del mundo. Hay muchas respuestas a esta inquietud, pero necesitamos una esperanza que no nos defraude.

El hombre de hoy, como el de ayer y de siempre, es un ser que espera, pero siempre necesita fundar su esperanza en algo firme. No podemos vivir sin esperanza, pues ésta constituye una parte fundamental de nuestra estructura personal y cristiana. La espera es el clima del vivir humano; sólo esperando podemos sobrevivir. Gracias a la esperanza avanza la humanidad, cuya historia multisecular es la de la espera. Gracias a la esperanza, el hombre y la mujer cristianos tienen aguante y respuestas ante la vida y la muerte, el amor y la violencia, la salud y la enfermedad, la paz y la injusticia, el matrimonio y la familia, la sociedad y el trabajo de cada día. Quien no espera nada está acabado como persona y como cristiano. Nosotros los cristianos no podemos caer en derrotismos. Hay, efectivamente, una esperanza que no defrauda: JESUCRISTO.

Pero también debe haber esperanzas humanas, que esperamos que no nos defrauden, así estamos comenzando un nuevo sexenio a nivel federal, somos muchos los que esperamos tiempos mejores. A nivel de nuestro querido Distrito Federal también hay muchas esperanzas. La esperanza cristiana es activa, no es como la de aquel que sentado esta esperando la pasada del autobús, sino es la de aquel que se compromete y colabora para que las cosas pasen, se realicen y se cumplan los deseos y exigencias de la sociedad en que vivimos.

Hay una piedra angular sobre la que se puede construir el edificio de la liberación humana: es Cristo Jesús. Ningún otro nos puede salvar; bajo el cielo y sobre la tierra no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos y en quien podamos confiar a fondo perdido. Por eso, "recobremos ánimo, se acerca nuestra liberación". Está ya presente el adviento de Dios, y su salvación no es solamente para el más allá, sino para este momento que nos toca vivir.

La liberación que Cristo nos brinda es personal y profunda, una salvación desde dentro, porque nos libera del pecado y nos transforma en hombres nuevos, libres de los criterios y el lastre del hombre viejo e irredento. Una vez liberados, tenemos que aplicar nuestro esfuerzo a la transformación de la realidad por medio de la debilidad y la fuerza del amor, que es la única liberación posible, la única revolución eficaz. Amor que se hace justicia, fraternidad, solidaridad, paz, compromiso con el pobre y el marginado, porque ése fue el estilo de Jesús y es el espíritu de las bienaventuranzas del Reino de Dios.

Para asimilar esta liberación de Cristo, el evangelio de hoy nos señala dos condiciones: LA PRIMERA: Tener la mente despejada y el corazón sin lastre. Las tres amenazas a la vigilancia que señala el texto evangélico: el vicio, la bebida y el dinero, son tan sólo indicadores del ancho campo de maldad que anida en el interior del hombre pecador, todavía sin convertirse al reino de Dios. Cada uno ha de examinarse con lealtad ante Dios. LA SEGUNDA. Estar siempre despiertos, velando en oración y pidiendo a Dios fuerza para perseverar hasta el fin. La vigilancia del adviento es actitud existencial y liberadora para toda la vida del cristiano, y condición para reactivar las virtudes teologales. Porque la vigilancia es esperanza activa, es fe que se expresa en el trabajo y convivencia de cada día, es inquietud que nos duele y amor que no echa la siesta cuando hay tanto que transformar y construir en nuestro mundo, donde tantos hermanos nuestros esperan una mano amiga. Que puedan contar con nosotros.

Hace tiempo la Televisión Italiana, en el canal 3, invitaba a los televidentes a participar en un famoso programa que se llamaba “Último Minuto”: “haz sido salvado por alguien”. Escríbenos narrando tu experiencia. Lo pondremos en escena y lo transmitiremos en este tu programa. El Adviento que hoy iniciamos nos hace las mismas preguntas: ¿Somos conscientes de que alguien nos salvó y gozamos de esa Salvación? ¿Mientras esperamos la venida definitiva del Señor que nos ha salvado, estamos haciendo algo para que otros se salven?.

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