Primer Domingo de Adviento,1 de Diciembre del 2013

Todos los domingos, después del momento culminante de la consagración, cuando yo les presento el pan y el vino, convertidos en el cuerpo y la sangre de Cristo, ustedes responden: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡VEN, SEÑOR JESÚS! Es curioso que, precisamente cuando Cristo apenas se ha hecho presente, la asamblea esté clamando: ¡VEN, SEÑOR JESÚS! La explicación a esta aparente contradicción está en que se trata de dos venidas distintas. La llegada de Jesús a la cita eucarística nos invita a desear su venida al final de los tiempos.

 

 

Homilía pronunciada por el Cardenal Norberto Rivera Carrera,
Arzobispo Primado de México, en la Catedral Metropolitana de México


1 de Diciembre del 2013, Primer Domingo de Adviento


Todos los domingos, después del momento culminante de la consagración, cuando yo les presento el pan y el vino, convertidos en el cuerpo y la sangre de Cristo, ustedes responden: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡VEN, SEÑOR JESÚS! Es curioso que, precisamente cuando Cristo apenas se ha hecho presente, la asamblea esté clamando: ¡VEN, SEÑOR JESÚS! La explicación a esta aparente contradicción está en que se trata de dos venidas distintas. La llegada de Jesús a la cita eucarística nos invita a desear su venida al final de los tiempos.

El tiempo litúrgico de Adviento nos hace vivir las diversas venidas de Jesús. En primer lugar, y sobre todo, es una preparación para celebrar su nacimiento, su primera llegada temporal poniendo su morada entre nosotros. Pero al mismo tiempo que celebramos la Natividad de nuestro Señor, el adviento nos prepara para la venida definitiva de Cristo al final de los tiempos. Y mientras celebramos esta doble venida del Señor recordamos que Cristo continuamente está viniendo a nuestra vida y nos invita a que le abramos nuestras puertas para que de verdad haya Navidad en nuestros corazones.

¿Cómo podemos celebrar plenamente este adviento? Tomando la actitud que Jesús mismo hoy nos acaba de sugerir en el evangelio: "Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor'. Un camino muy seguro también, para vivir a plenitud el adviento, es dejarnos llevar por las grandes figuras que la misma liturgia nos va a presentar, de Isaías que anuncia la venida del Mesías, de Juan el Bautista que nos grita que ya está en medio de nosotros, de María que como nadie nos puede preparar para que lo esperemos y lo recibamos como ella lo esperó y lo recibió. Pero también muy cerca de nosotros hay personas que nos pueden enseñar lo que es vivir la espera. Los novios y los esposos enamorados, que por circunstancias diversas tienen que vivir en lugares distantes, nos pueden enseñar lo que es esperar al ser amado.

El Adviento es una oportunidad maravillosa para recoger la exhortación que hoy nos hizo San Pablo en la segunda lectura: Tomen en cuenta el momento en que vivimos. Ya es hora de que se despierten del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. "La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz". Esta es una tarea urgente en nuestra gran ciudad de México, el que los cristianos dejemos la modorra y bien despiertos encontremos las estrategias y las acciones concretas para implantar el Reino de Dios en las diferentes realidades. Pareciera que la enfermedad del sueño se ha apoderado de muchos de nosotros como una epidemia hasta llegar a decir: Sí, soy creyente, pero no practicante. Me bautizaron, pero no conozco lo que creo. Soy católico, pero en lo privado, pues no me animo a transmitir a otros la fe que recibí. El Papa Francisco con su voz profética , nos invita a los cristianos a dejar el sueño y la pasividad que nos han invadido y nos muestra caminos muy concretos para que nos comprometamos en el anuncio del evangelio en nuestro continente.

El sueño, la pasividad, la modorra, es Ia situación no sólo de aquellos que están en pecado o en el olvido de Dios, sino también de aquellos que vivimos en la tibieza, en la indecisión, en la falta de compromiso. A nosotros nos dice San Pablo: "Despierta tú que estás dormido, aléjate de la muerte y Cristo te iluminará". Las palabras que hoy escuchamos en la segunda lectura fueron las decisivas en la conversión de San Agustín, cuando estaba en un jardín de la ciudad Milán, en el culmen de la lucha interna de las "dos voluntades", oyó aquella voz misteriosa que cantaba: "Tolle, lege" (toma y lee). Tomé la Biblia, nos dice el mismo Agustín, y leí aquellas palabras de Pablo que dicen: "Despierta del sueño". Y ahí encontré la luz y la paz del corazón.

Aplicando a la venida histórica de Jesús el texto de Isaías que hoy escuchábamos en la primera lectura, la Iglesia nos invita a recibir a Cristo en esta Navidad y nos invita a vivir en consecuencia: "Él será árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra". A eso viene Jesús, a adiestrarnos con su vida y con su mensaje para que vivamos fraternalmente, a luchar por la paz en todos los niveles: desde las relaciones interpersonales y familiares, hasta las de grupo e Internacionales. Si de verdad aceptamos a Jesús en nuestra vida no podemos seguir alimentando la espiral de violencia intrafamiliar, no podemos seguir soportando los modelos de violencia que se difunden en los medios de comunicación, no podemos aceptar ningún programa que venga a acentuar la pobreza, ya centenaria de nuestro pueblo, causa y origen de tanta violencia.

El Adviento es realidad presente y esperanza futura. Es oportunidad única para vivir, amar y esperar. Es celebrar la iniciativa de Dios que sale al encuentro del hombre entregándole su propio Hijo e invitándolo como colaborador para que su amor llegue a los que están lejos. El Adviento no sólo es espera, también es memoria y presencia. Memoria, porque a Aquél que esperamos, ya vino, y por eso celebramos Navidad. Presencia, porque a Aquél que esperamos, está en medio de nosotros en su Palabra y en la Eucaristía que estamos compartiendo. El Adviento cristiano es un caminar con alegría al encuentro de Aquel que camina con nosotros y está a nuestro lado.

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