Homilías 2014 Marzo

El mundo en este domingo de carnaval busca divertirse detrás de una máscara o de unas ropas que no son las habituales de su jornada. Y también hoy, primer domingo de marzo, en México se celebra del día de la familia. Una celebración de la sociedad mexicana a la que no es ajena la Iglesia católica. La coincidencia con el carnaval nos da una primera reflexión sobre la realidad de la familia en nuestro país. Cuantas familias son solo una máscara de familia, son familias que por fuera se presentan sonrientes y por dentro viven una tremenda tragedia. Cuantas familias son solo una fachada que se presenta a la sociedad como si fueran felices o fueran perfectas y no son sino una máscara. O cuantas familias parecen tener un rostro de tristeza pero tienen debajo un corazón inmenso generoso. Cada familia tiene un modo de ser diferente pero todas están llamadas a una misma vocación: la de hacer felices, la de dar realización a cada uno de sus miembros, la de conducir en términos cristiano a la santidad a los que la forman.

leer másVIII Domingo del tiempo Ordinario, 2 de Marzo del 2014

En tiempos del profeta Joel viene sobre Judá una gran calamidad. Y con esa ocasión, en ese contexto, el profeta invita a todo el pueblo a la conversión, a una verdadera conversión. Que no consiste en actos exteriores, solamente. El profeta no reprueba esos actos, los tiene presentes. Pero la penitencia a la que él invita no consiste en rasgar las vestiduras, sino en convertirse de corazón, en cambiar el corazón.

leer másMiércoles de Ceniza, 5 de Marzo del 2014

La contemplación de la Transfiguración del Señor, transmitida y conservada por los tres primeros evangelistas, es muy sugerente para el tiempo cuaresmal en donde nos preparamos a vivir con mayor intensidad la muerte y la resurrección de Cristo. Jesús, flanqueado por Moisés y Elías, aparece como el nuevo legislador y el máximo de los profetas. Su rostro bañado por el sol y su figura nimbada de luz nos hablan de Cristo como la verdad luminosa, como el Maestro superior a todos los personajes del Antiguo Testamento. Los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, son envueltos por una gloria y una paz indescriptibles en donde desaparecen las dudas, las fatigas y las angustias y experimentan una alegría, seguridad y entusiasmo que los lleva a exclamar en voz de Pedro: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Pero, después de la manifestación, Jesús se acercó a sus discípulos, los tocó y les dijo: “Levántense” y bajaron del monte a encontrarse con los demás apóstoles, la multitud y con la dureza de la vida diaria.

leer másII Domingo de Cuaresma, 16 de Marzo del 2014.

"Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed". En esta súplica de la Samaritana tan encarnada en su realidad encontramos una profunda profesión de fe en Jesucristo. El agua es el elemento que los orientales buscan con ansiedad continua porque saben y experimentan que no sólo es símbolo de la purificación ritual y signo elocuente de la vida y de la fecundidad, sino elemento que realmente limpia, da vida y fecunda. El agua penetra la tierra y hace brotar el pasto, variedad de plantas e infinidad de árboles; el agua es indispensable para todo viviente; detiene al desierto que avanza como símbolo de muerte, sacia la sed del viajero, lo refresca y lo conforta para que pueda continuar su caminar. El agua que se le ofrece a la Samaritana nada tiene que ver con el agua de las cisternas agrietadas, en expresión de Jeremías, e incluso, es superior al agua del pozo de Jacob. Es el agua viva, el agua que salta hasta la vida eterna, el agua que brota del costado de Cristo, signo del bautismo y de la Palabra que libera; el agua que se le ofrece a la Samaritana es Cristo mismo que invita a todos: "Si alguno tiene sed, venga a mi, y beba el que crea en mi".

leer más3er. Domingo de Cuaresma, 23 de Marzo del 2014

Junto al simbolismo del agua, que nos presentó la liturgia el domingo pasado con la figura atrayente de la Samaritana, nos encontramos hoy con el tema de la luz, teniendo como base la grandiosa narración teológica de la conversión, más que de la curación, del ciego de nacimiento. Al parecer la primitiva comunidad cristiana refleja en esta narración el proceso para llegar al encuentro con Jesucristo, de hecho, el ciego, que saliendo de las tinieblas llega al esplendor de la luz, es, de alguna manera, modelo de la fe en crecimiento y maduración. El primer paso de este camino es reconocer a Cristo como hombre, que en Siloé se le presenta como "el enviado"; después lo descubre como profeta y en seguida lo verá como "aquel que viene de Dios", para terminar a sus pies adorándolo como "Hijo del Hombre", como el "Kyrios", el Señor. Junto a este proceso de la fe que lleva al encuentro con Jesucristo vemos un camino opuesto que siguen vecinos, familiares y fariseos, símbolo de la incredulidad y rechazo de la fe.

leer más4º. Domingo de Cuaresma, 30 de Marzo del 2014.

El episodio de las tentaciones, que acabamos de escuchar, sólo es el primer acto de un drama que se anuncia duro y cruento. Así parece indicarlo la narración evangélica cuando nos dice, después de la tercera tentación: “entonces el diablo lo dejó”, y añade S. Lucas: “para regresar en el tiempo establecido”. De hecho en el drama de la pasión las tentaciones se presentarán con toda crudeza: “Padre, por qué me has abandonado”. “Si eres el Hijo de Dios desciende de la cruz”... Muchos de nosotros nos preguntamos de inmediato: Si las tentaciones se presentan como un anuncio de la pasión, si toda la cuaresma es una preparación para vivir la pasión del Señor, entonces ¿Por qué hoy las lecturas nos hablan del pecado? Porque si no tomamos conciencia de la realidad del pecado en nuestra historia y en nuestro mundo, si no descubrimos la trascendencia y la profundidad del pecado, no entenderemos nada del dolor, de la pasión, de la muerte de Cristo. La muerte y la resurrección de nuestro Salvador es la respuesta de Dios al pecado del hombre. Es el “sí” del segundo Adán que viene a enderezar el “no” del primer Adán. De otro modo la pasión y muerte de Jesucristo nos parecerían como una crueldad inútil.

leer más1er. Domingo de Cuaresma, 9 de Marzo del 2014
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