Palabras de Saludo a Su Santidad el Papa Francisco, por el Sr. Cardenal Norberto Rivera C., 13 de febrero de 2016

Muy amado Santo Padre Francisco. ¡Hoy seguimos de fiesta! El Espíritu Santo sigue manifestándose por medio de su visita.

  

Palabras de Saludo a Su Santidad el Papa Francisco,
por el Sr. Cardenal Norberto Rivera C., Arzobispo Primado de México,
en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.

13 de Febrero del 2016

Muy amado Santo Padre Francisco. ¡Hoy seguimos de fiesta! El Espíritu Santo sigue manifestándose por medio de su visita. Es una inmensa alegría tenerlo aquí, en esta Tierra Santa, como decía el Papa san Juan Pablo II, “aquí Jesucristo, Luz de las gentes, quiso manifestar su presencia salvadora […] por medio de la Virgen María, su Madre, en la persona del indio Juan Diego”. Y así es, éste es un lugar bendito para que todos nosotros nos santifiquemos en la misma misericordia de Dios, fuente de Santidad. Como dice nuestra Madre, la Reina del Cielo: “mucho deseo que aquí me edifiquen una “casita sagrada” para manifestarlo a Él, para ensalzarlo a Él, para ofrecerlo a Él; Él, que es mi mirada misericordiosa”. Sí, Su Santidad, éste es el lugar de la fuente de la misericordia en donde Santa María de Guadalupe, Madre de la Iglesia, lo ha querido para escuchar nuestro llanto, nuestro dolor, para sanar nuestras enfermedades, para ser fortaleza en nuestras debilidades. Y es Ella quien, como estrella de evangelización, nos lleva seguros a su amado Hijo, Jesucristo. Por ello, no hay nada qué temer, Ella es nuestra Madre y, como también Su Santidad lo ha confirmado, Ella es nuestra protección y resguardo, Ella es nuestra alegría. Por eso, no debemos tener miedo ni a la muerte ni a la vida, pues Ella nos coloca en el hueco de su manto, en el cruce de sus brazos. Ella nos llena de la alegría del amor misericordioso de Dios.

Gracias Su Santidad, gracias por abrir la puerta de la esperanza en el Año Jubilar de la Misericordia y por no cansarse en seguir llamándonos a esta misericordia de Dios. Gracias Su Santidad, pues su palabra y su vida son testimonio de la alegría que brota desde lo más profundo de su corazón lleno de fe, y nos contagia a todos. Gracias por su cercanía y su amor que nos hace reconocer que debemos construir juntos esta “casita sagrada”, que es la Iglesia Católica, en el amor a los hermanos, en especial, a los más necesitados. Gracias por seguir llamándonos a todos para unir esfuerzos, el alma y el corazón y edificar juntos esta “casita sagrada” de la unidad y de la libertad, esta “casita universal”, del amor y del perdón, esta “casita de la civilización del amor misericordioso de Dios” de la justicia y de la paz. Gracias su Santidad por estar aquí y permanecer aquí por siempre.

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