LA CÚPULA DE LA CATEDRAL DE MÉXICO

 

Hemos hablado antes de la historia de esta parte de nuestro gran templo. Indicamos allí que no sabíamos si Manuel Tolsá pudo aprovechar la pesada cúpula del siglo XVII estrenada en 1666 para construir la suya, o si tuvo necesidad de hacer una nueva del todo. Comparando ambas estructuras casi se decide uno por la segunda opinión. Sin embargo, no hay dato que permita aclararlo. Dejando planteada la hipótesis, describiremos someramente esta magnífica cúpula que, puede decirse, constituye una de las expresiones más rotundas y espirituales del arte en México.

El tambor es octogonal y se desplanta sobre una estructura cúbica cuyos ángulos ostentan balaustradas y corresponden a la parte exterior de las pechinas. El tambor es una estructura sostenida por pilastras jónicas, dos a cada extremidad de los lados del octágono que lo forma, y al centro se ven columnas del mismo orden, pero con los fustes lisos, que forman las ventanas de la cúpula. Sobre los capiteles jónicos de pilastras y columnas corre un entablamiento cuyo friso se realza en el cerramiento de cada ventana para soportar un frontón curvilíneo rematado por cartelas con escudos pontificios.

 

Arriba de las columnas hay remates, al lado de los frontones, que ostentan flameros, y sirven de apoyo a las balaustradas que rematan el tambor.

La media naranja se desplanta un poco más arriba de estas balaustradas sobre una gruesa moldura, un toro sobre el cual se ve una gruesa faja que circunda el octágono que constituye el anillo de la cúpula. De los ángulos de dicho octágono surgen hacia arriba fajas de piedra que dividen la cúpula en secciones. Cada paño de la misma se halla formado por dos fajas laterales y un triángulo central, roto a su medianía, para cobijar un círculo en relieve. Las partes rehundidas de este ornamento fueron cubiertas con azulejos verde claro, que con el tiempo han adquirido una pátina que apenas los distingue de la cantera en que está labrada la obra.


Las fajas angulares, al llegar a la parte alta, se tuercen graciosamente en una contracurva en que parece descansar el gran anillo que sostiene la linterna. Es éste ya circular y en sus caras, entre faja y faja, muestra guirnaldas dobladas, semejantes a las que cuelgan entre cada faja: éstas, rematadas en volutas, sostienen una plataforma vigorosamente moldurada. Sobre las fajas hay pilastrillas rematadas por macetones, las cuales sirven de sostén a una balaustrada circular que rodea el anillo de la linterna.

Desplázase ésta en un círculo inferior al del anillo, de manera que queda un ámbito alrededor de ella. Se halla sostenida por pilastrillas que ostentan en su cara un relieve de hojas entrelazadas y, además, cada una presenta un resalto en su parte baja que sirve para sostener la estructura. Entre las pilastrillas mencionadas se abren ocho ventanas alargadas con cerramiento de medio punto, coronadas por un cornisuelo de molduras poco salientes.


Las pilastrillas se prolongan sobre dicha moldura para sostener el anillo del cupulín y cada una está rematada no por capitel, sino por un ornato en forma de voluta con colgajos. En los espacios que hay entre la moldura y la prolongación de estas pilastrillas, se ven ojos de buey con vidriera.

El anillo del cupulín viene a ser constituido por una moldura, un friso sencillo y una cornisa volada. El cupulín, graciosamente peraltado, se halla dividido por fajas en ocho secciones, cada una de las cuales está cubierta por azulejos de tonos más intensos que los otros de que hemos hablado. Remata el cupulín una peana que sostiene un gran flamero. Simbólicamente, el artista ha deseado colocar en este sitio, no la cruz que se veía ya en las torres, sino la llama del amor divino que está ardiendo constantemente sobre el corazón de la iglesia más importante de México.

Concepción genial la de dicha cúpula. Ella da el timbre, el sello, la marca a la Catedral de México. Ninguna otra, en ninguna otra iglesia, puede comparársele. Podrá asemejarse, como ya lo hemos notado, a otras cúpulas francesas. Eso es sólo en detalle, pero no en armonía, en proporción, en elegancia. Proporción desproporcionada hasta cierto punto, puesto que la linterna es casi más alta que el mismo casquete esférico. Pero ahí se advierte la garra del genio que construye esta cúpula proporcionándola, no para ella misma, sino de acuerdo con las proporciones de la gran iglesia que tenía que cubrir y que tenía que decorar. Haberla hecho más baja hubiera equivalido a no hacer cúpula. Bastaba la vieja pesada estructura del siglo XVII. En esta cúpula Tolsá demuestra plenamente su genio de artista, más que en esos fríos palacios, imitación de obras francesas, que dejó en la ciudad de México.

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