INTRODUCCIÓN HISTORIA DE LA FABRICA MATERIAL DE LA CATEDRAL DE MÉXICO

 

HISTORIA DE LA FABRICA MATERIAL DE LA CATEDRAL DE MÉXICO


LA OBRA DE LA CATEDRAL EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVIII.
PINTURA AL ÓLEO DE LA COLECCIÓN DE D. JOAQUÍN ICAZBALCETA.

 

 

 

La primitiva catedral de México no fué edificio construido exprofeso para ese fin. Fué una iglesia levantada por Hernán Cortés en la plaza mayor de México, utilizando para sus cimientos y para las bases de sus pilares, monolitos del antiguo teocali indígena. Esta iglesia, conocida con el nombre de iglesia mayor y edificada de 1524 a 1532, parece haber sido ocupada por los frailes franciscos que llegaron a México en 1523 y 1524.
Se ha discutido, sin llegar a un acuerdo, si la primera catedral de México fué también la primera iglesia de San Francisco. El señor García Icazbalceta se inclina a negar tal especie, pero sus argumentos no alcanzan a convencernos de que no existió alguna relación entre dicha iglesia y los frailes franciscanos.

Se sabe que estos religiosos ocuparon a su llegada una casa de por la calle que hoy llamamos de Guatemala y don Joaquín deduce que en ese lugar se levantaría la primera iglesia franciscana, antes de pasar en l525 a la iglesia nueva de los franciscanos, en tanto que la iglesia mayor edificada en la plata resultaba independiente. Es indudable que los frailes franciscos no tuvieron necesidad de construir iglesia en la casa que habitaron: cualquiera estancia podía servirles para ello si sabían que más tarde se iban a trasladar a otro sitio. Además, en el corto espacio de un año que deben haber habitado allí, niel pudieron construir una iglesia de la cual no conservarnos el menor rastro en nuestra historia. Que ocuparon la iglesia mayor, es evidente, por las citas de los cronistas franciscanos y aun de los que no lo eran. Que se confunden las dos iglesias en una, lo sabemos hasta por el hecho de que al hablar de las honras fúnebres de Hernán Cortés cuando se propaló en México la falsa noticia de su muerte, unos dicen que se hicieron en San Francisco y otros en la iglesia mayor.

Es lógico pensar con Vetancourt y los cronistas que hacen una de ambas iglesias, que la iglesia mayor albergó a los frailes franciscos mientras ellos edificaban su propio convento; que habitarían en la casa que les dio hospedaje en una estancia de la cual improvisarían iglesia para su culto conventual, que administrarían los sacramentos en la iglesia mayor, puesto que no existía todavía ningún obispo y fray Martín de Valencia podía ser considerado el jefe de la religión en aquellos años. El cronista más antiguo de nuestra Catedral, Sariñana, lo afirma con toda certeza diciendo que al consagrar a Dios "este nuevo y suntuoso templo" cuyo sitio ocuparon estos insignes primitivos religiosos y lo cedieron humildes religiosos de la observancia para que en él se edificase la santa iglesia catedral.

Concluido el convento de San Francisco en 1525, los franciscanos se pasan a él y dejan la vieja iglesia a los clérigos que habitaban en la ciudad, a fin de que ellos la tengan a su cargo.

Sea como fuere, debemos reseñar la historia de este edificio.

Entre los cargos que los enemigos de Cortés le hicieron cuando se confabularon con Nuño de Guzmán para residenciarlo, uno de los más graves fué que no había levantado iglesias. El cronista Herrera afirma que el conquistador fué quien edificó la iglesia mayor, poniendo como basas de los pilares las piedras esculpidas del adoratorio indígena.

Cortés, verdadero hombre del Renacimiento que llegó a proponer que no se destruyesen los templos indígenas para conservar memoria de sus antigüedades, puede haber descuidado por el momento la construcción del templo, pero en la repartición de solares demuestra que entre sus proyectos figuraba el de levantar un gran templo para la capital de Nueva España. No sólo trazó el primer templo de la ciudad, sino que lo construyó. Consta que el arquitecto de la obra fué maese Martín de Sepúlveda, que era alarife de la ciudad de México, el 31 de marzo de l530, y que trabajó así en la obra de la Audiencia, como en la del acueducto que se hizo para traer el agua a la ciudad.

La obra fué terminada por el señor :Zumárraga con bastantes dificultades, hacia 1532.

Todavía en 1534 el obispo pide a la Corona dinero de sus diezmos para poder hacer el coro en su Catedral La solicitud le fué aprobada con fecha 20 de febrero de 1534. Poseemos ahora noticia de otro arquitecto: "En 1540 el maestro de cantería, natural de Azpoitia, Francisco de Chávez, se comprometió en Sevilla a marchar a Méjico para hacer trazas y realizar las obras que le ordenase el Obispo Fray Juan de Zumárraga, aunque no se precisa en el contrato si esas obras se referían a la catedral."

Don Joaquín García Icazbalceta, fundándose únicamente en documentos escritos, determinó el lugar preciso en que estaba situada esta iglesia, o sea en el ángulo noroeste de lo que hoy llamamos atrio de la nueva iglesia; todavía pueden verse allí algunas de las rudas basas de los pilares ochavados con restos de relieves indígenas en la parte baja. Las excavaciones realizadas en la plaza para nivelar el piso permitieron a don Antonio García Cubas verificar por medio de la sonda el sitio exacto en que existen aún los cimientos y reconstruir la planta. Es asombrosa la seguridad de don Joaquín para precisar, simplemente con datos, la ubicación del templo.

La iglesia ofrecía planta basilical, con tres naves separadas por dos danzas de pilares ochavados de orden toscano, con el techo central de dos aguas y los laterales de vigas planas, lo que permitía abrir ventanas para la nave mayor.

Debe considerarse esta iglesia, así en su estructura cuanto en sus detalles, como una supervivencia del arte mudéjar; tales son las iglesias construidas en gran parte de Andalucía hasta el siglo XV y los pilares de sección octogonal revelan la misma ascendencia.

Esta iglesia fué considerada siempre como pequeña e inadecuada para una ciudad tan opulenta como iba siendo la capital de la Nueva España. Cuando, en 1554, Cervantes de Salazar nos describe cuidadosamente cómo era la ciudad, no puede menos de asombrarse de una catedral tan pobre, tan baja, tan húmeda: las iglesias de los conventos son mucho más suntuosas. Para esas fechas se había expedido ya la cédula que ordena construir una catedral nueva.

Hemos visto en páginas anteriores que, para la celebración del tercer concilio, el señor arzobispo y virrey don Pedro Moya de Contreras ordenó la restauración de la catedral vieja. Tal medida se ve explicada en la carta que el prelado escribió al rey, cuya parte relativa dice así: "Por ser la Iglesia Vieja de México muy antigua y de ruyn mezcla acudiendo a su reparo como tengo avisado a Vuestra Majestad, forzó su actual edificio a reedificaría de nuevo para escudar alguna gran ruina que visiblemente amenazaua y estando quasi acauada por descuido y ynaduertencia del obrero mayor de no reconocer vn pilar de los viejos sobre que cargaua la tiñera de la naue de en medio de tres que son, se cayó y llenó tras sí otros tres pilares y el edifficio questaua sobre ellos y fué milagro suceder a las dore de la noche por donde no peligró nadie ni se siguió más daño de perderse la hechura; vise haciendo el reparo necesario y actuarse a, la traza que se a comenzado, en dos meses, que aunque cuesta dineros, es tan necesario lo hecho y tan a gusto del pueblo y ornato de la plaza y ciudad, que aunque en ello se gastase lo que Vuestra Magestad tiene aplicado para la Iglesia nueua de dos y tres años, es muy bien empleado y Dios y Vuestra Magestad son en ello seruidos, y la gozarán los presentes, por que ellos ni sus hijos no verán acauada la gran michina de la Iglesia Nueva que se va haciendo, demás de que adelante podrá servir de parrochia de la cathetral que será grandeza necesaria según se va poblando y ampliando esta ciudad."

Esa reparación constituye un capítulo notable en los anales de la historia nuestro de arte. Figuraron en ella los artífices más notables que existían en el nuevo país y podemos así conocer los nombres de todos los que colaboraron en una obra que para esa época fué muy importante. El jefe de la construcción, que también tenía un cargo importante en la obra nueva, cayó de que andamio y el golpe le privó de la vida. Llamávase el capitán Melchor de Ávila; su sobrino Rodrigo de Ávila le sucedió en sus puestos. La noticia, tomada de archivos españoles, la consigna Llaguno y se halla confirmada en los anales indígenas: en el llamado Códice Aubin: "1584 (1 Pedernal)... cuando cayó el mayordomo de la iglesia mayor, Melchior Dávila, era martas, a las 7, del 12 de diciembre de 1584".

La portada principal de la iglesia la llaman de estilo clásico, es decir, de ese estilo purista en que, al lado de las obras platerescas, se edificaron tantas otras iglesias. Fué obra de los oficiales de cantería Alonso Pablo, Juan de Arteaga y Hernán García de Villaverde, auxiliados por el cantero Martín Casillas. Fué tasada por Claudio de Arciniega, maestro mayor de la obra, y Sebastián López, aparejador, en doscientos sesenta y cuatro pesos. A la entrada de la puerta se ve una reja de hierro agrandada por Gaspar de los Reyes y dorada por Cristóbal de Almería. La nave central estaba cubierta con un alfarje fabricado por el carpintero de lo blanco Juan Salcedo de Espinosa, y dorado por Andrés de la Concha y Francisco de Zumaya.

Aparte de la capilla mayor existen la del Bautisterio y la del Sacramento, y, además, la del Santo Crucifijo.

Ocupando dos intervalos entre los pilares, a los pies del templo se halla el coro. Su sillería es suntuosísima: goza de cuarenta y ocho asientos para los canónigos y aparte el del arzobispo. Todos están tallados en madera de ayacahuite y fueron obra del ensamblador flamenco Adrián Suster y del escultor Juan Montado. Su estilo debe haber sido renacentista, de coluranillas abalaustradas, y los motivos característicos de esa época.

El retablo mayor fué obra de Andrés de la Concha y ostentaba seis lienzos de pintura debidos a Simón Pereyns.

Además de este retablo existían otros dos con cuadros importantes, algunos de los cuales pasaron a la catedral nueva.

En 1601 y 1602 tenemos otra reparación del vetusto templo: nuestros datos no son completos, pero sabemos que en el primero de dichos años fue cambiado de lagar el coro, trasladando la sillería. Los artistas que intervinieron en ello fueron el arquitecto Alonso Arias y el ensamblador Adrián Suster que había sido, como hemos visto, coautor con Juan Montado de dicha sillería. El mismo Suster reparó en el propio año el altar mayor e hiño una serie de barandillas y escaleras, lo que nos hace presumir que la obra consistió en quitar el coro del sitio que ocupaba en la nave mayor, con objeto de dar más capacidad al templo, y trasladarlo al ábside, armonizándolo con el altar mayor. En 1602 Nuño Vázquez trabajó los púlpitos.

Cuando tratemos del tesoro de la Catedral de México habremos de referirnos a las joyas que ya desde entonces existían en este templo primitivo.

Con estas reparaciones la catedral vieja continuó bien que mal prestando sus servicios durante largos años, hasta que en 1626 fué derribada, acaso por creer que así se activaría la obra de la catedral nueva. Tal cosa no tuvo lugar; la construcción marchó con una lentitud acaso mayor y el lugar en que se celebraban los oficios divinos, en improvisada catedral, que era la sacristía del templo nuevo, resultaba, a todas luces, mucho más estrecho e incómodo: la destrucción del viejo monumento había sido no sólo inútil, sino prematura.

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