LOS CIMIENTOS DE LA CATEDRAL DE MEXICO

Torre del lado del Poniente

Como hemos dicho antes, parece que a principios del año 1563 se trabajaba ya en la obra de los cimientos de la catedral. Esta obra, reproducida en el llamado Códice Osuna que lleva fecha de 1564, coproduce el trabajo de los indios para hacer los cimientos del gran templo. En un principio, siguiendo las ideas del arzobispo Montúfar, se pensó edificar una gran iglesia de siete naves semejante a la catedral de Sevilla, como antes hemos visto. Esta iglesia iba a seguir la misma orientación de la catedral vieja, es decir, de oriente a poniente, y así, los cimientos formaban una gran faja en dicha dirección y el templo tendría el ábside hacia el palacio virreinal y las puertas principales hacia el poniente, a la placera del marqués. Es indudable que este cimiento fué terminado, pues aparece en el plano del centro de la ciudad de México, que debe ser fechado entre 1562 y l565, en forma de un rectángulo perfecto que ostenta el rótulo "El cimiento de la iglesia". La muerte de don Luis de Velasco, la llegada del visitador Valderrama, los grava acontecimientos políticos ocasionados por la supuesta rebelión del marqués Jet Valle y además el cambio de ideas en el señor Montúfar, hicieron que la obra se suspendiese del todo. Los cimientos quedaron abandonados.

Así, el doctor Zorita dice en su relación de la Nueva España: " El cimiento que primero se había hecho para ello costó ochenta mil pesos y se dejó por no se poder proseguir por aquella orden a causa del agua, que no se podía agotar aunque a confina andaban trabajando en ello con sus biombos, y se mudó a otra parte y se hace de estacada el cimiento por una orden sutil y de buen ingenio con que se hincan las estacas y todas quedan parejas a raíz del agua y de ahí adelante sobre la haz de la tierra hazen vn plantapié de argamasa que toma todo el edificio de la yglesia, porque con el peso se sumen los edificios de la laguna y quede que se podrá sumir (sic), y también porque no lleguen los cuerpos de los difuntos en las sepulturas al agua".

La primera obra de los cimientos fué trabajada por indios, los cuales se quejan en el Códice Osuna de que no les han pagado su trabajo.

Poseemos dos reales cédulas que nos aclaran, hasta sacarnos completamente de duda, tan oscuro problema. La primera fué dada en el Pardo, el 4 de mayo de 1569, y en ella se dice que la Corona se ha enterado de las dificultades para hacer una iglesia tan suntuosa como se había ordenado, a causa de que la cimentación tenía que ir sobre agua y que los temblores son ordinarios en la tierra, por lo que los edificios de bóveda corren riesgo; además, que sería demasiado costosa si se hiciese de siete naves como la de Sevilla; que por tanto se haga en la forma más adecuada y que si es preciso se cubra de madera.

El segundo documento, fechado en la ciudad de México el 15 de febrero de 1570, nos enseña que el virrey don Martín Enríquez convocó a una junta de oidores y autoridades eclesiásticas para tratar lo que convendrá hacer para el edificio de la iglesia, de acuerdo con la cédula anterior. "E porque pareció que en la parte e lugar donde se había comenzado a plantar y sacar cimientos no es tan cómodo como conviene, a causa del perjuicio que podrían recibir las casas reates e calle principal que viene del hospital del Amor de Dios a la plaza mayor de esta ciudad, e por otros inconvenientes muy notorios, se acordó que se plante y edifique en el lugar donde están los portales que llaman de Lerma, tomando (de) la plaza pequeña que está delante de las casas del marqués del Valle, lo que pareciere ser necesario a disposición de su Exa. e de esta Real Audiencia, Norte Sur, poniendo la puerta del Perdón hacia la plaza mayor y el campanario a la cabezada de la dicha iglesia que se hubiere de hacer, e que sea de tres naves claras y a los lados de ellas sus capillas colaterales y que todo se cubra de madera. Y en cuanto a los cimientos que se han de sacar se nombrarán oficiales expertos y hábiles que lo vean y den su parecer para que conforme a lo que de ello resultare, se provea en ello lo que más convenga."

Este documento nos aclara por completo el origen de nuestro templo: se abrieron en un principio los cimientos en dirección oriente poniente, la que tenía la catedral antigua. En dichos cimientos se desplantó la iglesia de siete naves a semejanza de la de Sevilla, mas como eso era difícil de realizarse y había obstáculos para conservar la primitiva traza, se volvieron a hacer cimientos que seguían una dirección norte sur y sobre ellos se desplantó la actual iglesia con su puerta del Perdón a la plaza, de tres naves con dos colaterales de capillas.

El tercer documento consiste en d dictamen de los maestros arquitectos para la cimentación de la obra. Primero dictamina Alonso Ruiz, maestro de cantería, vecino de la ciudad de los Ángeles; en seguida dan su opinión Miguel Martínez, obrero de las casas reales, Juan Sánchez, Juanes de Ibar y Ginés Talaya. El dictamen del primero tiene fecha de 13 de marzo de 1570 y el de los otros data de dos días después. Sustancialmente están de acuerdo todos y dicen: "Nos parece que el pavimento de todo el edificio comprendiendo vacuas y macizos se saca de una masa y estructura de su mezcla y piedra crecida desde la superficie del agua hasta un estado sobre el suelo de la plaza, estacándolo por debajo con sus estacas gruesas y espesas hasta ponella en lo más fijo y sobre esta dicha cepa se erigirán sus cimientos crecidos de dos varas de medir de alto para los enterramientos y sepulturas que ha de haber en la dicha iglesia y de allí empezará a despedir el edificio fuera de la tierra porque de allí para abajo queda por cepa y carcañal del edificio."

Es indudable que se aceptó la opinión de los maestros de arquitectura y los cimientos se hicieron conforme a sus indicaciones. Resulta curioso observar que la profundidad que daban a su cimentación debía servir para sepultura y enterramiento, idea que se ha aprovechado en la actualidad para construir las criptas para restos humanos que se están edificando, si bien en otra forma más higiénica, más decorosa y más práctica de como se hacían tales sepulcros en la época colonial.

Sobre aquella plataforma que presentaba ya el sólido aspecto de una nueva tierra, se desplanta el templo y se coloca con toda solemnidad la primera piedra. El virrey de Nueva España, don Martín Enríquez de Almanza, debe haber tomado gran empeño en la obra, pues desde el 12 de septiembre de l571 escribe a la Corte una carta en que se refiere a las obras de la catedral de México: el 29 de marzo de 1574 vuelve a dirigirse en otra carta tratando también de las obras de la Catedral de México y lo mismo el 23 de septiembre de 1575 y el 25 de marzo de 1576. Si conociésemos el texto de dichas cartas podríamos apreciar el estado en que se encontraba la obra, por más que lo suponemos, pues levantados los cimientos se seguía trabajando en ella y en año 1580 informa sobre la construcción el conde de Coruña. El año siguiente, l581, vuelve a escribir y su carta cuyo texto conocemos nos da la siguiente información: "Yo he bisitado la obra nueua de la ilesia catedral que V. M. manda hazer en esta ciudad y están sacados los cimientos poco más de la haz de la tierra, y según va elegido parece que durará hasta acabarse más de quarenta años".

Cuatro años más tarde, en 1585 se trabajaba ya en la obra de las capillas: se habían hecho por lo menos dos encasamentos hacia el lado del oriente, es decir, los nichos que existen en las capillas contiguas a la sacristía, los cuales todavía pueden verse y servían de altares en dichas capillas. Era obrero mayor de la fábrica el capitán Melchor Dávila hasta 1584, en que murió, como hemos dicho, y maestro mayor Claudio de Arciniega. Podemos citar hasta los nombres de los canteros que trabajaban en la obra: las capillas las labraba Juan Arteaga y los encasamentos Hernán García de Villaverde, que además trabajaba en los pilares torales cuyas medias muestras esculpía Martín Casillas.

El plano de la ciudad de México que nos muestra el centro de la capital en 1596, nos enseña cómo la obra iba ya bastante adelantada para poder ser reproducidos los fustes de las columnas y las jambas de las puertas.

Desde 1581 a 1615 se habían levantado los muros que circunscriben el templo a más de la mitad de su altura, así como los que separan las capillas; faltaban los de la fachada principal. Estaban construidos todos los pilares, algunos hasta los capiteles y otros a su segundo tercio y se habían cerrado ocho bóvedas: dos sobre los vestíbulos de las puertas del lado del norte, dos sobre la sala capitular y cuatro sobre las capillas inmediatas, en cada nave, a la sala capitular y sacristía.

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