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1. Contemplar a partir de Cristo y Santa María de Guadalupe
La figura de María en el Evangelio se presenta como un modelo de ac-
ción esperanzadora que, a través de su fe confiada, nos guía a descubrir
la presencia activa de Dios en medio de las realidades de la prueba,
el dolor y sufrimiento. Su vida no es un mero ejemplo pasivo, sino que,
toda su persona, constituye una invitación a reconocer cómo Dios actúa
en las situaciones más adversas, transformando el dolor en semilla de
redención. Como ella, somos llamados a convertirnos en signos vivos de
esperanza para los demás, viviendo nuestra fe como un testimonio de
confianza en los planes divinos.
Actividad. Registro de la esperanza en mi vida
Materiales:
• hojas de papel, lápices de colores, marcadores
o plumas de colores.
• Solicitar a los participantes realizar una línea del tiempo y
colocar los momentos clave donde la esperanza haya flor
cido en la niñez, adolescencia, juventud, madurez y vejez de
cada uno (según su edad).
Contemplación
• Reflexionar en la propia línea del tiempo y meditar:
• ¿Cuáles de esas semillas de esperanza se han quedado
guardadas en mi corazón?
• Compartir con otra persona su línea del tiempo y su reflexión.
2.Discernir a partir de Cristo y Santa María de Guadalupe
Los evangelios, en particular el de san Lucas, nos revelan la actitud de
completo abandono de María en las manos de Dios. Ella, primera recep-
tora del Evangelio, no guarda para sí la noticia de la salvación, sino que
se presenta, según sus propias palabras, como “la esclava del Señor”. Sin
demora, sale al encuentro del necesitado —en este caso, su prima Isabel
(cfr. Lc 1,39)— para acompañarla y aliviar sus cargas. Nadie como María
sabe mostrarnos el rostro amoroso de Cristo, siempre atento y cercano a
cada uno de nosotros.
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