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Nuestra Madre María de Guadalupe une mundos divididos: lo indíge-
na y lo europeo, lo celestial y lo humano. No borra diferencias, las abraza.
Su imagen mestiza es una profecía de reconciliación, un llamado a sanar
heridas históricas y actuales.
Actualidad del mensaje Guadalupano
Hoy como ayer, María de Guadalupe sigue optando por los humildes,
los migrantes, las mujeres violentadas, los niños sin hogar, los pueblos sin
tierra. Su imagen en la tilma no es una reliquia del pasado, sino una pro-
fecía viva que anuncia que Dios no abandona a su pueblo. Que incluso
en medio del caos, la ternura de Dios se hace presente en una Madre.
La sociedad actual vive múltiples desafíos: violencia, injusticia, polariza-
ción, pérdida de sentido. Ante esto, María de Guadalupe sigue siendo
fuente de unidad y esperanza:
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Para la Iglesia: Es modelo de evangelización inculturada,
cercana, materna y misericordiosa.
Para la sociedad: Es memoria viva de que la dignidad no se
compra ni se negocia.
Para los pueblos: Es promesa de un futuro con justicia y paz, si
escuchamos con el corazón
3. Caminar y celebrar la esperanza
María de Guadalupe no solo consuela: envía. Envía a Juan Diego con
una misión: construir una “casita sagrada”, un espacio de encuentro con
Dios. María quiere un sitio donde poder escuchar y acoger a todos: “…
para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa;
pues yo soy su piadosa madre […] y oír y remediar lamentos, miserias pe-
nas y dolores” (Cfr. Nican Mopohua, v. 25-32).
Ese templo sería un espacio donde sus hijos e hijas pudieran acudir
para presentar sus penas y recibir consuelo. También a nosotros nos llama
a construir espacios de amor, justicia y paz, en pocas palabras espacios
de “reconciliación” con nosotros mismos, con nuestros semejantes, con Dios.
Los personajes del Nican Mopohua son tres, La siempre Virgen Santa
María de Guadalupe, Juan Diego y el obispo. En su continua interacción
nos van marcando un proceso de esperanza en la conversión que final-
mente llega a la reconciliación.
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