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1. Contemplar a partir de Cristo y Santa María de Guadalupe.
La Sagrada Escritura en el Antiguo Testamento habla de los Anawin, tér-
mino hebreo para referirse en primer lugar a los pobres de espíritu. Desde
antiguo hay quienes ponían su confianza en sus habilidades y conoci-
mientos, mientras que los Anawin reconocen que hay fuerzas que reba-
san al hombre y que solo las pueden confiar a Dios. En segundo lugar, se
refiere a los desfavorecidos materialmente, quienes, debido a la opresión
e injusticia humana, carecen de lo necesario para vivir. Dios se muestra
como alguien interesado por unos y otros; no le es ajeno su dolor.
Los chichimecas, que era la raza a la cual pertenecía Juan Diego Cuau-
htlatoatzin en el tiempo de la conquista mexicana a manos de los es-
pañoles, estaba dividida por distintas clases sociales, principalmente los
Pipiltin (nobles), y los Macehualtin (pobres). Juan Diego, según se sabe,
pertenecía a la clase Macehual. Por lo tanto, era un hombre que traba-
jaba las tierras y pagaba tributo a la nobleza, como era propio de esta
clase social y sin muchas esperanzas de aspirar a cosas mayores o cargos
en su comunidad.
En la Biblia y en la vida de san Juan Diego, Dios muestra un amor es-
pecial por los humildes y descartados. Jesús mismo dice que los pobres de
espíritu son los más bendecidos (Mt 5, 3-12). En la aparición de la Virgen
de Guadalupe, Dios escoge a un hombre humilde, indígena y pobre,
para ser mensajero de esperanza.
Actividad de contemplación
Lee en voz alta Mt 5,3-12 y Lc 4,18.
Reflexiona:
• ¿Qué significa para ti ser “pobre de espíritu”?
• ¿Cómo se manifiesta el amor de Dios hacia los humildes en
estas palabras de Jesús?
• ¿Cómo es que Juan Diego, un hombre sencillo y humilde, se
convierte en ejemplo de esperanza para su pueblo?
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