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HORA SANTA
Caminemos con María de Guadalupe, sembrando esperanza.
Ambientación
Nos disponemos a este espacio de adoración ante el Santísimo Sacra-
mento y con Nuestra Señora de Guadalupe, modelo de esperanza para
nuestros pueblos y para la humanidad. Con su presencia, plasmada en
el ayate de San Juan Diego, se actualiza la vida y salvación, diciéndonos
que la esperanza no defrauda, que se renueva siempre porque nace
del amor. Ella es la Madre del verdadero Dios por quien se vive, men-
sajera del divino amor; con palabra suave, cercana, tierna y con verdad,
nos ha conducido a través de los siglos a encontrarnos con su Hijo, Verbo
Encarnado, a amarlo y adorarlo, a vivirlo y testimoniarlo, aun en tiempos
difíciles como los que hoy vivimos.
Dios está aquí, ha venido a traernos Vida y Vida en abundancia, lo
hemos sentido en nuestro ser y hoy, como San Juan Diego, queremos
responder al llamado que nuestro Dios nos hace a través de su Madre:
“«Juanito, Juan Dieguito». Luego se atrevió a ir donde le llamaban; no se
sobresaltó un punto; al contrario, muy contento, fue subiendo al cerrillo, a
ver dónde le llamaban”.
¡Aquí estoy! ¡Aquí estamos, Señor!
Canto de exposición:
Entraré
Jésed
Entraré, entraré,
entraré a su presencia,
en libertad por su amor
el espíritu me lleva,
al trono de la gracia
para adorar cara a cara.
Sí, al Dios vivo adorar.
Libre soy, libre soy
para entrar. (2)
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