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Card. Carlos Aguiar Retes. Arzobispo Primado De México. Foto: Basílica De Guadalupe.

Por la Megamisión 2022 – Homilía 23/10/2022

“Ahora bien, ¿cómo van a invocar al Señor, si no creen en él? ¿Y cómo van a creer en él, si no han oído hablar de él?¿Y cómo van oír hablar de él, si no hay nadie que lo anuncie?¿Y cómo va a haber quienes lo anuncien, si no son enviados?”

Pero además, ¿qué Dios anunciamos? ¿Cuál es el Dios en quien creemos y confiamos? Hoy Jesús en el Evangelio afirma que Dios escucha al hombre arrepentido que clama misericordia, que se muestra débil, que reconoce su fragilidad, y por su sincera confesión recibe la gracia del perdón.

En cambio, quien se presenta con Dios para jactarse y vanagloriarse a sí mismo sin reconocer sus debilidades y  necesidades, no establece un diálogo con Dios e impide recorrer un camino para amistar con Él y experimentar su amor.

Por esta razón el Fariseo era incapaz de comprender al hombre que sufre por sus pecados, y su corazón se endureció, volviéndose insensible ante el prójimo necesitado.

¿Cuál era la debilidad en la oración del fariseo? Su actitud de considerar que el haber cumplido con los mandamientos era solo por mérito propio, olvidando reconocer que su buena conducta era consecuencia de la gracia, que proviene de Dios.  Así su soberbia lo llevaba a despreciar a los demás, que no cumplían con lo mandado.

De ahí la importancia de asumir en la oración este punto del Evangelio: Dios da la gracia para vivir en consonancia con el modelo, que es Jesucristo. Esa gracia hay que pedirla en la oración, y descubriremos, lo que Dios desea y espera de cada uno de nosotros: sus hijos.

Por eso debemos pasar más allá de la oración infantil: oraciones, rezos, y devociones, que está bien para iniciarse en la relación con Dios como una primera etapa; pero hay que desarrollar la oración, que es diálogo con Dios a través de Jesucristo, y discernimiento de la voluntad del Padre, mediante la luz del Espíritu Santo.

Un diálogo cuya finalidad es encontrar la voluntad de Dios para mi persona. Y una vez consciente de su voluntad, pedirle la gracia para cumplirla. Éste es el punto central de la oración, que permitirá descubrir cómo Dios fortalece mi interior ante cualquier adversidad, conflicto, drama, sufrimiento o angustia.

Así iniciamos una experiencia de Dios, mediante la cual, se desarrolla un proceso para adquirir la sensibilidad espiritual de la presencia e intervención de Dios en la vida.  A la vez el creyente va percibiendo una paz interior, una manera de vivir, en la que a todo se le encuentra sentido, y todo se convierte en oportunidad para hacer el bien. Ésta es la
experiencia de Dios, que debe generarse en cada persona.

Y cuando el hombre falla, hay que reiniciar como el publicano del Evangelio, reconociendo las propias culpas y pecados: “El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.  Recordemos siempre que la misericordia de Dios redime al hombre, lo rehace cada vez que lo necesite, lo acompaña y le da la
mano para fortalecerlo. Dios nunca abandonará al hombre, y cuando más solo y abandonado se sienta el hombre, si acude a Dios, más sentirá su presencia amorosa y cercana en cada momento.

Hoy la primera lectura nos motiva para acudir con toda confianza a Dios: “El Señor es un Dios justo que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia”.

Para experimentar la necesidad de Dios y descubrir el enorme beneficio de esta relación con Dios, particularmente en la oración; es indispensable que haya mensajeros, que lo anuncien con la palabra y generen mediante el testimonio de vida
al Dios, que es amor. Los proclamadores y misioneros, que transmiten al Dios revelado por Jesucristo, experimentarán una inmensa alegría y esperanza al testimoniar el inmenso amor misericordioso de Dios Trinidad.

Se trata de una vivencia que genera una paz interior, que difícilmente la obtendrás con tal intensidad, con otra experiencia humana, porque estás transmitiendo y experimentando la presencia de Dios en tu interior.

Ésta es la gran recompensa, que en esta vida recibimos cuando nos convertimos en mensajeros del Reino de Dios, de la Presencia del Dios Amor en nuestro mundo. Por eso afirma la Escritura: “¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes el mensajero que trae buenas noticias!”

Hoy, ambas cosas necesita con urgencia la Iglesia; y por ello, consecuentes a la convocatoria del Papa Francisco, promovemos en la Arquidiócesis, una Iglesia en Salida, que va al encuentro de los hermanos en sus ambientes de vida para expresarles, que a través del encuentro humano y fraterno, Dios se hace presente, y suscita la alegría y la paz interior.

Convencidos que no te arrepentirás, y que lo agradecerás posteriormente, te invitamos para que participes de alguna manera en la Megamisión, que hoy iniciamos, y que culminará el Domingo 20 de noviembre, en que celebraremos la “Jornada Mundial del Pobre”.

¡Misionera y mensajera de Buenas noticias fue Nuestra Madre, María de Guadalupe! Por eso los invito a poner en el cruce de sus brazos nuestra Megamisión 2022.

Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos en esta Megamisión 2022 a expresar nuestra solidaridad de forma creativa, haznos valientes para generar y promover los cambios que se necesitan en busca del bien común.

Con tu cariño y ternura trasforma nuestro miedo y sentimientos de soledad en esperanza y fraternidad, para lograr una verdadera conversión del corazón, y generemos una Iglesia Sinodal, aprendiendo a caminar juntos; así seremos capaces de escuchar y responder al clamor de la tierra y al clamor de los pobres.

Madre de Dios y Madre nuestra, conscientes de la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, ayúdanos para que todos estos sufrimientos sean los dolores del nacimiento de un mundo más fraterno y sostenible. Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo
de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

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