La misión de un sacerdote: Cardenal Carlos Aguiar Retes en la Ordenación Sacerdotal 2026
“El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham… y le dijo:… por no haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y las arenas del mar…. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis palabras”.
Esta lectura del Génesis nos muestra la primera característica, que a ustedes les permitirá ser fieles a Dios y contar siempre con su gracia para ejercer el ministerio: la obediencia.
Es fundamental la obediencia a Dios, escuchar lo que Él siembra en nuestro corazón y presentarlo a la autoridad respectiva. A través de esa autoridad, Ustedes van obedeciendo aquello que Dios les pide. Por eso respondíamos cantando a esta lectura: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.
Ustedes han llegado aquí, a este altar, después de un largo periodo de formación, conscientes de lo que están pidiendo. La Iglesia ya ha dicho que los considera dignos.
Eso me alegra; pero también tienen que mirar hacia el futuro y ser fieles a Dios a través de su respectiva autoridad eclesial, lo cual implica siempre abrir nuestro corazón para descubrir, qué ha sembrado Dios en nuestra vida, y entonces, presentar nuestra disposición para servir a su pueblo.
En la segunda lectura escuchábamos: “En virtud de la sangre de Jesucristo tenemos la seguridad de poder entrar en el santuario, porque Él nos abrió un camino nuevo y viviente a través del velo, que es su propio cuerpo…. Mantengámonos inconmovibles en la profesión de nuestra esperanza”.
La virtud de la esperanza tiene su roca sólida en el Hijo de Dios, que se encarnó en el seno de María para ser nuestro camino. Vivir según sus enseñanzas, interiorizar aquello que Dios siembra en su corazón y, a partir de ello, descubrir más concretamente qué les está indicando el Señor; esto permitirá que ustedes mantengan siempre una esperanza creciente, en que nuestro Padre les abrirá las puertas del cielo, junto con todos los fieles que les toque atender.
Finalmente, en el Evangelio, que hemos escuchado de San Lucas, se nos presenta algo que ustedes ya podrán hacer: presidir la Eucaristía. Porque la Eucaristía la celebramos todos, fieles y presbíteros; ella hace presente a Jesús para estar en comunión con Él.
Por ello, San Lucas afirma que Jesús les dijo: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes… Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: Tomen esto y repártanlo entre ustedes… Después, tomando un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se los dio diciendo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.”
No se trata solamente de celebrar la Eucaristía conforme al orden establecido, sino de que ese Jesús, que ustedes hacen presente a la comunidad, sea también aquel cuya voluntad ustedes mismos busquen vivir primero.
Ustedes cinco serán ordenados dentro del orden de los presbíteros. Tendrán ahora la potestad y la misión de hacer presente a Jesús al servicio de todos los bautizados.
Así, nuestros fieles estarán en comunión con Él. Es la forma en que hacemos posible que todos estos fieles, que hoy están aquí puedan permanecer unidos a Jesucristo, escuchando sus enseñanzas y recibiéndolo a través de la comunión.
Su misión la cumplirán siendo obedientes a Dios, como lo fue Abraham, y obedientes también a su respectiva autoridad eclesial.
Que esa obediencia marque su vida desde hoy y desarrollen sus actividades con plena confianza en el auxilio divino, sostenidos siempre por la virtud de la esperanza.
Que así sea.
