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Ordenación Diáconos Transitorios 2026: Héctor Hugo Martínez, MSVD E Iñaki Aramburu Barrios, Basílica De Guadalupe

Si Dios es amor, estamos hechos para amar: Cardenal Carlos Aguiar Retes en la Ordenación Diáconos Transitorios 2026

En la primera lectura del libro del Deuteronomio, escuchamos las palabras de Moisés, que se aplican muy bien a Ustedes, y también a todos los que participan en esta Eucaristía: “El Señor se ha comprometido contigo y te ha elegido… por el amor que te tiene”. Miró Dios a cada uno de ustedes, como miró a su pueblo. Y continúa diciendo: “Reconoce, pues, que el Señor tu Dios es el Dios verdadero y fiel”.

De ahí viene la necesidad de la oración constante para valorar bien el ministerio como diáconos, que hoy reciben. La correspondencia al llamado del Señor se realiza por medio de la oración.

La segunda lectura del apóstol San Juan nos recuerda que “el amor viene de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios,… porque Dios es amor;”; es su naturaleza propia. “Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros”.

Por eso, todas las actividades que realizamos deben ser promotoras de la fraternidad solidaria. Esta enseñanza del apóstol San Juan es fundamental porque en el libro del Génesis afirma claramente, que Dios nos creó a su imagen y semejanza.

Si Dios es amor, estamos hechos para amar. Para eso fuimos creados. Y el amor se inicia por quien ama. Dios nos ama y nosotros debemos corresponder a ese amor.

¿Cómo? Descubriendo lo que en nuestro interior nos indica el Espíritu Santo, que correspondamos en ese amor a Dios.

El libro del Génesis afirma claramente que, para favorecer esto en la humanidad que Él creó, nos creó varón y mujer. Y por eso aquí hay muchos que son padres de familia, casados.

Es fundamental que se hayan casado por amor. Y segundo, cuando tienen hijos, ¿quién ama primero? ¿Los padres al hijo o los hijos al padre? Díganme, ¿quién?

Los padres a los hijos. Evidente. Y el niño, la niña, corresponde a ese amor de sus padres.

Por eso la Iglesia reconoce a la familia como la Iglesia doméstica. Ahí se genera el amor entre varón y mujer, y entre padres e hijos.

Y ahora ustedes, en esta vocación especial de diáconos, que Dios ha sembrado en su corazón, no deben amar solamente a su familia, sino a todos aquellos, que Dios les encomiende a través de la autoridad eclesiástica correspondiente, confiando plenamente en que de esta manera colaboramos gigantescamente, si somos verdaderos cristianos, hijos de Dios que aman, a la fraternidad solidaria de nuestra sociedad; que tanto lo necesita; ya que está muy fragmentada, polarizada, pero eso nunca nos debe hacer bajar los brazos, porque de esa manera nosotros seguimos contribuyendo a amar, a fraternizar y logramos llegar a la Casa de Dios Padre por toda la eternidad.

El Evangelio de San Mateo finalmente nos dice que “Jesús exclamó:.. Nadie conoce al Hijo sino el Padre. Y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se le quiera revelar”.

Jesucristo, a través de nuestra Madre, María de Guadalupe, nos ayudó a descubrir ese amor, que Dios nos tiene a todos, especialmente a quienes vivimos en estas tierras de México, y en ellas tenemos que colaborar desde nuestro propio ministerio.

¿Cómo?

Conociendo a Jesús.

El que conoce a Jesús conoce al Padre, aunque nunca lo hayamos visto. Y el que conoce a Jesús le asiste el Espíritu Santo, porque así lo prometió Jesús a sus discípulos:

“Yo le voy a pedir a mi Padre que a ustedes los acompañe el Espíritu Santo, como a mí me acompañó para dar mi vida hasta la cruz y la Resurrección”.

Por esta razón, nuestra principal tarea es dar a conocer a Jesús, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Que así sea.

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