La Navidad nos recuerda que no estamos solos. Cardenal Carlos Aguiar Retes, mensaje de Navidad 2025
Dios no eligió el estruendo ni el poder para venir a nuestro encuentro, sino la sencillez de un Niño, la fragilidad de un pesebre y la ternura de una familia que confía. Ahí, en lo pequeño, es donde Dios nos habla con claridad.
Hoy celebramos que el Señor no se quedó lejos del sufrimiento humano. Entró en nuestra historia, caminó nuestros caminos y abrazó nuestras heridas. En Jesús, Dios se hace cercano, se hace amigo, se hace esperanza para quienes viven cansados, con miedo o con el corazón herido.
La Navidad nos recuerda que no estamos solos. Que incluso cuando parece que todo oscurece, Dios sigue naciendo allí donde hay un gesto de amor, una palabra de consuelo, una mano tendida.
Por eso, esta fiesta representa una invitación a abrir espacio en nuestra vida para que Cristo vuelva a nacer hoy.
Que en nuestros hogares renazca el diálogo; en nuestras comunidades, la fraternidad; y en nuestra sociedad, el compromiso por la justicia, la paz y la dignidad de toda persona.
No podemos celebrar al Dios que se hizo pobre sin mirar a quienes más sufren. El nacimiento del Niño Jesús nos empuja a salir al encuentro del otro, especialmente del que ha sido olvidado.
Pidamos al Señor un corazón sencillo, capaz de escuchar y de servir. Que esta Navidad nos devuelva la alegría de sabernos amados por Dios y enviados a amar, sin miedo, sin condiciones, sin reservas.
Que el Niño de Belén bendiga a nuestras familias, fortalezca a quienes atraviesan dificultades y renueve en todos nosotros la esperanza.
