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¿Quiénes son los discípulos? Misa de la Cena del Señor 2026, Card. Carlos Aguiar Retes

La Pascua

¿Qué es la Pascua? ¿Qué significa esa palabra? Es el paso de Dios en cada uno de nosotros, especialmente en la familia, en la comunidad. Por eso estamos aquí reunidos hoy. Queremos que pase el Señor en medio de nosotros. Queremos que el Señor pase con nosotros para dejarnos la asistencia del Espíritu Santo, que dio a sus apóstoles y para que seamos fieles discípulos de Jesús.

El libro del Éxodo, antes de la venida de Cristo, muchos siglos antes, nos presenta una primicia que se narra en la primera lectura. Señalaba: “el día 10 de este mes tomará cada uno un cordero por familia. Será un animal sin defecto, macho de un año, cordero o cabrito. Lo guardarán hasta el día 14 del mes. La comunidad lo inmolará al atardecer. Esa noche comerán la carne y la comerán con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor. Ese día será un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor de generación en generación. Celebrarán esta festividad como institución perpetua.”

¿Por qué Moisés y Aarón indicaron esta celebración de comer un cordero, de estar en familia, de hacerlo en un día específico? Porque era necesario recordar que el Señor les había abierto las aguas para que atravesaran y dejaran la esclavitud en Egipto, y pudieran ir a la tierra prometida.

De esta manera, se celebraba como una fiesta familiar para recordar ese paso del Señor, que alienta en cualquier circunstancia de la vida, que tuvieran que afrontar.

Esta es la primicia, lo que da origen a lo que después expresa la carta del apóstol San Pablo a los Corintios y el mismo Evangelio: “Hagan esto en memoria mía”. ¿Quién dijo eso?, Jesús lo dijo y San Pablo lo recuerda en su carta a los Corintios. La Eucaristía es el paso de Jesús con cada uno y con la comunidad de sus discípulos.

¿Quiénes son sus discípulos? Nosotros, la Iglesia, los bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dice San Pablo: “Recibí del Señor lo mismo que les he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, lo partió y dijo: ‘Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes”.

Se han fijado que en la Eucaristía, cada vez que el sacerdote celebra, así le dice a la hostia para consagrarla: “Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.

Y después continua san Pablo: “Lo mismo hizo Jesús con el cáliz, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor hasta que vuelva”.

Al celebrar la Eucaristía, recordamos que Jesús vendrá al final de los tiempos. ¿Cuándo será? No lo sabemos, pero debemos estar siempre preparados, sea que nos toque el final de nuestra vida o el final de los tiempos.

En el Evangelio, San Juan lo expresa aún más claramente. La Pascua, el paso del Señor Jesús, es para fortalecernos personal y comunitariamente, y así poder servir al prójimo.

Dice San Juan: en el transcurso de la cena, cuando el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote la idea de entregarlo, Jesús se levantó de la mesa y se puso a lavarles los pies a los discípulos. Cuando terminó, les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

Para dar testimonio de Jesús y mostrar que somos sus discípulos, la Caridad es indispensable: la ayuda al prójimo necesitado, al que encontremos, al que sepamos que está padeciendo. Dar ayuda al prójimo confirma que nuestro corazón está en concordancia con el corazón de Jesús, y nos garantiza que participaremos del Reino de los cielos.

Por tanto, servir a nuestros prójimos, especialmente a los más necesitados, nos convierte en auténticos y fieles discípulos de Jesucristo. Esta tarea de la caridad, para tener la fortaleza de servir al otro, la nutrimos con la Eucaristía, porque en ella, escuchando la Palabra de Dios y comulgando el pan de Cristo, nos llevamos a Jesús en nuestro interior. Volvemos a casa acompañados de Él.

Ahora, para dar ejemplo de servir, como obispo y cardenal, como lo hizo Jesús con sus discípulos, lavaré los pies a doce de ustedes, que están preparados para pasar al frente y realizar este gesto de servicio al prójimo.

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