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La Palabra de Dios nos permite descubrir, qué debemos de hacer ante cualquier situación dolorosa. Cardenal Carlos Aguiar Retes

“Se escuchó el murmullo de una brisa suave”

La Palabra de Dios nos permite descubrir, qué debemos de hacer ante cualquier situación dolorosa, o situación muy difícil de afrontar. En la primera lectura vemos la percepción del Señor en nuestras vidas, que es muy discreta, pero real. Y así lo hemos escuchado en la experiencia del profeta Elías.

Dice el texto: “Al llegar al monte de Dios,… el profeta Elías entró en una cueva…Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva”.

Esto es lo que nos pasa cuando oramos y pedimos a Dios su ayuda. Siempre el Señor nos auxilia para descubrir lo que debemos hacer, y después experimentamos una gran alegría, “como una suave brisa, como una alegría interna”. Por eso respondíamos a esta lectura cantando: “Muéstranos, Señor, tu misericordia.”

Entonces desde esta primera lectura, aprendamos que al orar, debemos hacerlo con plena confianza en que Dios de alguna manera nos va a auxiliar.

De la carta de San Pablo a los Romanos vemos cómo San Pablo expresa el profundo dolor por sus hermanos israelitas, que no han aceptado a Cristo, y esto no le impide continuar anunciando y proclamando, que Jesús es el Hijo de Dios Encarnado.

Así le expresa San Pablo a los Romanos: “Les hablo con toda verdad en Cristo. No miento… Tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón”.

Hay muchas causas por las cuales generan en nosotros tristeza. Cuando vemos alguna situación dolorosa, debemos mantener nuestro espíritu misionero de dar a conocer a Jesús, independientemente si lo aceptan o no, como hace Pablo. Él no se detuvo porque los israelitas no aceptaban a Cristo, que fuera el hijo de Dios encarnado.

Cada persona es libre de tomar sus decisiones. Nosotros no podemos manipular ni imponer a los otros. Tienen que descubrir a Dios en sus vidas. Tener paciencia ante la calamidad, ante la adversidad, es lo que nos muestra San Pablo, y seguir constantes en nuestra confianza con Dios.

Finalmente, en el Evangelio escuchamos esta escena muy especial del Evangelio de Mateo. A los discípulos los mandó Jesús a que fueran en la barca para atravesar el lago. Y él se quedó orando en la orilla y ya estaban en ese tránsito del lago y Jesús se les aparece. Ellos empezaron a decir: “Es un fantasma.” Jesús les contestó: “Ven, Pedro, baja de la barca, y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús. Pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!”

Y Jesús le respondió: “¿Por qué dudaste?”. No hay nunca que dudar de que Dios nos va a ayudar, así parezca imposible la situación que vivamos. Paciencia ante la adversidad y confianza en el auxilio divino.

Al escuchar, pues, esta emotiva escena del Evangelio, comprenderemos que es necesario en nuestra vida, especialmente ante la adversidad y peligros graves, confiar en la ayuda divina y reconocer que saldremos adelante gracias al auxilio que Dios nos brinde.

Pidamos a nuestra madre María, que tengamos siempre la confianza en su hijo Jesús, como lo tuvo ella siempre ante lo que no entendía. ¿Cómo va a encarnar a un hijo, bajo la acción del Espíritu Santo y no de la manera natural? Es una adversidad, es una incógnita. Y María creyó y el Espíritu Santo encarnó en ella al Hijo de Dios.

Por eso pidámosle a ella que para eso vino a estas tierras, para mostrarnos el amor de Dios y confiar en él plenamente.

Nos ponemos de pie y le abrimos nuestro corazón a ella:

Madre nuestra, María de Guadalupe, al escuchar hoy, la necesidad de invocar el auxilio divino ante las múltiples adversidades que enfrentamos, te pedimos nos auxilies para mantenernos con plena confianza, en las enseñanzas de tu Hijo Jesús, y continuemos siendo fieles discípulos suyos.

Ayúdanos a dar buen testimonio con nuestra conducta, y con la ayuda del Espíritu Santo, generemos los ambientes familiares y sociales, que propicien la Civilización del Amor, que tanto desea Dios Padre, y que por esa razón nos envío, a través de ti, a Jesucristo Nuestro Salvador.

Invocamos tu auxilio para ser fieles discípulos de tu Hijo Jesús, leyendo y meditando los Evangelios; siendo constantes en la participación de la Eucaristía, y obedientes a sus enseñanzas, para propiciar la ayuda fraterna y solidaria, y lograr la reconciliación y la paz social.

Todos los fieles aquí presentes este domingo, nos encomendamos a ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

Amén

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